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La cultura es un buen puente

El pasado sábado arrancó el programa de la capitalidad cultural europea que Donosti ostenta en este 2016, un reto importante con el que se pretende poner la cultura en el eje central de la vida de los ciudadanos y ciudadanas, en una clara apuesta por la participación, desde una concepción de la cultura y el diálogo como vías para mejorar la convivencia y construir nuevos espacios para la ciudadanía del siglo XXI. Ese es el planteamiento con el que se ha configurado todo un programa (dirigido por un profesional navarro), que seguramente tendrá sus luces y sombras, como ya se vio en el costoso y fallido espectáculo inaugural, pero que de entrada es una mano tendida a la construcción de una cultura próxima a la esencia de las personas y de la sociedad. La cultura como un puente hacia la convivencia, hacia la resolución de conflictos, puede ser un buen ejemplo para imitar desde otras comunidades como Navarra, tan necesitada de vías en esa dirección. En general, entender la cultura como un puente hacia lugares necesarios. Viendo como han transcurrido las jornadas inaugurales, con miles de personas volcadas en dar vida a esas olas de energía ciudadana, es inevitable preguntarse qué hubiera sido de Pamplona si llega a ser la ciudad elegida. Esa Pamplona que en 2010 optó a esa misma capitalidad con un lema bien distinto, apoyado en dos elementos recurrentes, la Fiesta y los Encuentros. No fue la elegida porque en esa ciudad de entonces no había espacio para creerse un proyecto de tal magnitud como el que Donosti tiene entre manos. Pero hay que aprender de los errores del pasado y sobre todo apostar por el futuro, y ese es el reto que ahora mismo tiene la cultura navarra. El cambio político, tanto en el Gobierno como en el Ayuntamiento de Iruña, deben implicar necesariamente una nueva manera de entender la acción cultural y una mayor proyección social de lo que ésta debe significar en el presente y en el futuro. Son muchos los cambios necesarios y hay que empezar a darles forma, con planes de acción, sí, pero que se lleven a la práctica como puentes hacia lugares nuevos, porque planes de inacción es lo que ha sobrado en los últimos años.