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El círculo de la pobreza

Cada vez son más las voces, también en Navarra, que se suman con acierto al hablar del papel de la cultura como motor social, como instrumento útil y necesario para trabajar desde la diversidad y la libertad por la integración y la inclusión. Creo que es importante romper los límites que han alejado la cultura de la sociedad, convirtiéndola en algo elitista al alcance solo de unos pocos cuando debe ser un derecho, para todas las personas y en todas las edades, tan básico como la educación o la salud. Y facilitar y permitir que todos los niños y niñas tengan acceso a la cultura igual que a la educación debería ser una de las apuestas si realmente queremos cambiar la sociedad. En esa línea se puede enmarcar la nueva estrategia de la Ley de Renta Garantizada impulsada por el actual Gobierno en Navarra, en la que se pretende frenar, y ojalá erradicar, la pobreza infantil con la que convivimos, allí donde ésta se enquista y crea auténticas bolsas insalvables. En definitiva, atender de una manera integral a los menores en riesgo de exclusión social, 14.500 en Navarra, para que esta sociedad les garantice los mismos derechos con independencia del lugar y el hogar donde han nacido, y eso es algo más que tener para comer, es poder socializarte y tener acceso garantizado a todo aquello que se precisa para crecer como persona y vivir integrado socialmente y no crecer con el estigma de ser un niño pobre, que será un adolescente pobre, un joven sin estudios ni recursos y un adulto con vida precaria que inevitablemente tendrá hijos pobres. Hay que romper esa tendencia desde la raíz, y la raíz está en la infancia, para lograr que no haya nuevas generaciones de pobres. Demasiadas veces miramos la pobreza como un mal que les pasa a otros, esa miseria distante de la que nos apiadamos. Es importante romper el círculo, porque como las ONG que trabajan con la infancia nos recuerdan cada poco tiempo, los niños y niñas que viven en la pobreza son los que sufren la carencia de recursos materiales, pero también de los emocionales y sociales que son necesarios para sobrevivir y prosperar en una sociedad tan dura y competitiva como la actual. Poner la infancia en el primer plano de la lucha contra la pobreza en Navarra, con los medios económicos necesarios para ello, puede ser la semilla para garantizar un futuro mejor.