Imagino que tan complicado como que el usuario descifre el contenido del recibo de la luz es que la compañía suministradora ponga rostro y sepa de las circunstancias vitales de los abonados a quienes corta el abastecimiento de energía. El trámite consiste en enviar un aviso con un plazo improrrogable de pago y ahí acaba toda la relación, siempre burocrática. Porque el paso siguiente es ordenar al corte. No entra dentro del procedimiento comprobar si el aviso ha llegado a sus destinatarios, si estos lo han entendido, si conocen el riesgo que corren, si tienen movilidad para desplazarse o alguien que les eche una mano en sus asuntos... Conocí un caso de cerca para el que valían todos los supuestos anteriores, porque los afectados, de edad muy avanzada, solos y con el físico mermado, sí disponían de medios económicos. Pero llegó el corte, sin saber qué ocurría, y acaeció en invierno y en malas fechas para solventarlo de inmediato. Durante unos días aguantaron sin calefacción y a la luz de unas velas.

La pobreza energética mata -lo hemos comprobado con el reciente caso de la octogenaria de Reus- y, si no, deja secuelas, como avisan los expertos, porque pasa factura a la salud de los ancianos en forma, por ejemplo, de asma o de bronquitis. Pero mata también que los más vulnerables sean solo un número identificativo en una esquina del recibo de la luz. A ese concepto de la penuria sin casilla nominal ni tarifa, le ponen gruesas cifras entidades como Cáritas y Cruz Roja; denuncias e informes elevados a debate en el Congreso, pero encontrando siempre el rechazo del PP, que ha tumbado todos los intentos de iniciativas legislativas para ayudar a los necesitados . Ya sé que es imposible individualizar cada caso, pero conociendo que hay cerca de cinco millones de afectados en el Estado -en Navarra oscilan entre el 5,6% en el Pirineo y el 18,7% en la Ribera Alta-, los Servicios Sociales deberían recibir información de quienes van a quedarse sin electricidad. No es fácil; tampoco lo es aceptar una muerte tan trágica, tan pegada a la miseria y al abandono como la de la mujer de Reus.