Dudas razonables

Comiendo del aire

01.02.2022 | 00:43
Comiendo del aire

El otro día, zascandileando en Twitter, descubro que hay una secta, o un movimiento, o una pedrada, que se autodenomina "respiracionismo". Lo primero que piensas es que todos somos respiracionistas, digestionistas, vertebradistas, ombliguistas y alguno hasta circulacionista de la sangre, pero luego descubres que no se refieren a inspirar y expirar sino que aseguran que son capaces de alimentarse solo del aire. O, por decirlo en sus propias palabras, del prana, que es "microcomida cósmica presente en el aire y el espacio exterior, que se canaliza a través de la luz". Como el krill del que viven las ballenas, con la anecdótica diferencia de que el krill es real.

Como en toda movida de este tipo, en las filas de los respiracionistas abundan los jetas de turno que van a por la pasta fácil de los incautos, pero luego están los convencidos de verdad, que dan mucha pena, porque más de uno se ha muerto por autoaplicarse semejante aberración, que hasta ahora solo conocíamos del célebre chiste: "Ahora que había conseguido que mi burro no comiera nada, va y se muere".

Y, así, a golpe de estupefacción, vamos haciendo cada vez un poco más larga, y más friki, nuestra lista de pseudociencias y creencias absurdas, comenzando a sospechar que esto ya es una cuestión puramente estadística: con tanta población en el mundo (7.900 millones de personas, y subiendo) es cuestión de tiempo que si a alguien se le ocurre un disparate haya un número alto de personas que se apunten a él con entusiasmo. Como decía Quequé en un mónologo: "–Entonces, si tus amigos se tiran por una ventana, ¿tú también lo harías? –Por supuesto, mamá, por supuesto".

Porque el verdadero problema es que algunas creencias falsas son irrelevantes –quien piensa que existe el abominable hombre de las nieves o que Walt Disney está criogenizado no sufre consecuencias por ello (salvo que le dé por buscar al primero en el Himalaya, en cuyo caso puede acabar de verdad como el segundo)– pero otras son muy perjudiciales. Y, por concretar, todas las relativas a la nutrición –el submundo de las dietas-milagro da pánico– van directamente contra la salud de los crédulos. Tiempos peligrosos para tragarte lo que te echen. Aunque solo sea aire.

En las filas de los respiracionistas abundan los jetas de turno que van a por la pasta fácil de los incautos, pero luego están los convencidos de verdad, que dan mucha pena


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