La rendija

Sin miedo el uno al otro

01.06.2020 | 09:18

Hace apenas tres meses seguramente no sería un planazo para enmarcar: ir a un pueblo, una escapada al monte o a la orilla de un río. Sin embargo, el último fin de semana de mayo fue la excursión elegida por muchos navarros y navarras que, también hay que decirlo, no podrán ir a la playa previsiblemente hasta el 21 de junio. El pequeño Itoiz, vecino de Sarriguren, acudía este domingo junto a su extensa familia a un merendero de Sorogain a celebrar, retrasados por el confinamiento, varios cumpleaños. La cara de gozo del txikito lo decía todo. Un crío feliz sentado junto a sus hermanos, su padres y abuelos después de inflar unos globos en medio del campo. Seguramente si de algo ha podido servir este confinamiento es para relajar el estrés de vida de niños sometidos a una cadena de actividades maratonianas en lo que los psicólogos llaman los campos de entrenamiento de niños permanentemente cansados. Los fines de semana eran, en muchos casos, para lo que quedaba de esas familias reventadas, para resolver una comida o una compra en un centro comercial, y para dejar a los niños a su aire, entre móviles o entre amigos. Pensar en familia, conocernos un poco más, preparar un plan a corto plazo, sin viajar demasiado lejos, es algo que no deberíamos perder. Y crear recuerdos de momentos en los que estamos todos juntos, un paseo de la mano padres e hijos, quedadas con primos, abuelos o amigos con un táper o un bocata, son fotos bonitas que va a dejar esta crisis en el disco duro de muchos chavales. Parecidos a los fines de semana que vivimos muchas niñas y niños de mi generación (los de los setenta) durante los veranos. Hermanos con hermanos, padres con hijos, parejas o cuadrillas juntas. Y que la desescalada nos devuelva los caprichos y otros planes pero sin perder de vista lo que de verdad importa, el vínculo emocional. Habrá que enseñar también a esos niños, testigos de un momento histórico, a volver a vivir sin miedo. No a los virus, sino miedo el uno del otro. Este virus no debería servir para alejarlos de los demás. Ni a traumatizarles.