El feminismo vuelve hoy a las calles de Navarra en un contexto complejo, marcado por debates internos y por la creciente visibilidad de discursos que cuestionan los avances en igualdad. El 8 de marzo llega este año con dos manifestaciones en Pamplona -una convocada por el Movimiento Feminista de Euskal Herria y otra por la Coordinadora 8M-, reflejo de las discusiones que atraviesan hoy al movimiento feminista. Los datos también invitan a la reflexión. El último Barómetro de Juventud y Género sitúa en el 38,4% el porcentaje de jóvenes de entre 15 y 29 años que se identifican como feministas. El descenso respecto a años recientes ha encendido algunas alarmas y ha alimentado discursos que hablan de retroceso. Sin embargo, la realidad es más compleja que una cifra. Antes del gran ciclo de movilizaciones feministas de los últimos años, el porcentaje era incluso menor, y además muchas personas comparten valores igualitarios aunque no se identifiquen con la etiqueta.
A ello se suma la amplificación en redes sociales de discursos antifeministas impulsados por corrientes ultraconservadoras, que encuentran en los algoritmos un aliado para difundir mensajes más extremos. Pero el ruido digital no siempre refleja la realidad social. Porque los retos siguen ahí. En lo que va de 2026 ocho mujeres han sido asesinadas en el Estado por violencia machista. Persisten las brechas económicas, el desigual reparto de los cuidados y nuevas formas de violencia que también se trasladan al ámbito digital. Ante esa realidad, resulta difícil sostener que el feminismo sea una moda. Navarra lo sabe bien. Cada asesinato machista genera concentraciones inmediatas y una respuesta social contundente, fruto de un tejido feminista amplio que lleva décadas trabajando en barrios y pueblos. En ese contexto, tampoco parecen tener un gran recorrido social las modas que idealizan modelos de mujer sumisa difundidas desde algunos espacios digitales.
En Navarra, y también en la CAV, existe una conciencia social muy arraigada en favor de la igualdad. Puede que no todos los jóvenes se definan feministas, pero una gran mayoría comparte la idea de que la igualdad es una condición básica para lograr una sociedad democrática y justa. Este 8M nos vuelve a recordar que la lucha contra la desigualdad no es una moda sino una tarea aún pendiente.