La ruptura de las reglas de juego que regían las relaciones internacionales se ha convertido en norma desde que Vladímir Putin activó sus pretensiones imperialistas y, sobre todo, desde que Donald Trump ha regresado al Despacho Oval. De hecho, y ya sin ambages ni opciones de respeto al marco multilateral que había procurado años de paz con más o menos suerte, la segunda legislatura del citado está sustentada fundamentalmente en el cumplimiento de los intereses propios –económicos y ególatras– del presidente de EEUU y de quienes patrocinan o han patrocinado sin demasiados miramientos sus formas de hacer.
Cierto es que la intervención bélica de EEUU e Israel en Irán tiene disculpas de peso: mayor seguridad para el Estado hebreo, programa nuclear iraní con fines militares y la represión brutal ejercida por un régimen criminal y asesino, responsable de una apartheid de género hacia las mujeres. Pese a ello, una lectura sosegada de los últimos acontecimientos bélicos y de seguridad con protagonismo norteamericano deja claves que, pese a no aparecer aparentemente en los discursos cambiantes que tratan de asentar una justificación que cale en la sociedad norteamericana y acalle a quienes no quieren la implicación militar de su país en conflictos internacionales, subyacen de manera llamativa con beneficiados muy concretos y muy cercanos a la figura de este presidente norteamericano. De hecho, la paralización de la producción de gas licuado en Qatar, segundo productor mundial, tras recibir un ataque balístico desde Irán, tiene como consecuencia clave que las firmas gasísticas norteamericanas puedan ganar a la semana 920 millones de euros extras, según datos de la consultora Energy Flux.
Situación similar se puede entrever en la industria petrolera del gigante americano, que lejos de verse arrastrada por una eventual crisis inflacionista general (si la guerra se extiende en el tiempo, como parece que sucederá) derivada del notable incremento del precio de los hidrocarburos y, por ende, del refino y de la industria del transporte, con serias consecuencias para la cesta de la compra de la ciudadanía en general, está duplicando sus beneficios netos cada vez que un conflicto bloquea el suministro global. Se da la circunstancia de que según análisis de OpenSecrets, el sector del petróleo y el gas gastó aproximadamente 445-450 millones de dólares durante el ciclo electoral de 2024 para influir en la Presidencia de Trump y en el Congreso norteamericano.