Donald Trump ha acostumbrado al Mundo a que sus decisiones desaten reacciones en cadena que desestabilizan la economía global, beneficiando a sus aliados económicos locales mientras empujan a amplios sectores estadounidenses y europeos a la pérdida de bienestar y nivel económico. Al fracaso en la mediación palestina –su “fase dos” en Gaza colapsó por alinearse incondicionalmente con Netanyahu, ignorando la legitimidad palestina– se añade ahora su autorización a Rusia a vender petróleo durante un mes, a despecho de la estrategia para forzar la paz en Ucrania, donde también fracasó su mediación.

El encadenamiento de hechos se reproduce aquí porque responde a su propia agresión contra Irán: ataques a instalaciones que no derrocarán al régimen –Irán resiste con minas y misiles en Ormuz–, pero empobrecen a sus ciudadanos y auguran pingües beneficios para los sectores del petróleo y la Defensa de EE.UU. Se beneficiarán exportadores estadounidenses como ExxonMobil y Chevron con un incremento de sus ventas de gas natural licuado (GNL) a Europa y Asia y corporaciones de tecnología militar como Lockheed y Northrop ya vienen beneficiándose durante el último año por los contratos de suministros renovados. En el plan de la Administración Trump, los efectos económicos internos negativos son secundarios: el desempleo subió de 4,4% a 4,7%, la gasolina se ha encarecido y las exportaciones caen por incertidumbre. Los gigantes tecnológicos alineados con su liderazgo ahora sufren volatilidad bursátil y disrupciones en cadenas de suministro.

Pero todo ello se afronta con una respuesta de cortísimo plazo que a su vez provoca consecuencias no medidas pero orientadas a reforzar el rendimiento del negocio del caos. Esto impide a Europa encarar estrategias de medio plazo. Hay una agenda de largo plazo clara, pero los pasos intermedios se ven condicionados por esta inestabilidad: se gestiona la próxima semana, pero por el camino quedan los objetivos energéticos, ambientales, industriales y políticos fijados como horizonte. La urgencia es la dependencia del 12-14% de GNL catarí y crudo saudí, contenerla y proteger un PIB recortado ya en 0,4 puntos (que podría llegar al 1,4%). Wahington no tiene hoy hay plan para ganar ni gestionar posguerras, solo negocio inmediato.