Korrika se ha consolidado como una de las expresiones más amplias de apoyo popular al euskera, sostenida por miles de ciudadanos, entidades e instituciones que, mediante el simbólico relevo del testigo, hacen suyo un mensaje colectivo. Este año, bajo el lema ‘Euskara gara’, la carrera vuelve a interpelar a la sociedad en su conjunto sobre el valor y el futuro de la lengua. Sin embargo, cuando aún no ha alcanzado su ecuador, la presente edición se ha visto salpicada por una doble polémica que no le favorece.
Por un lado, el conflicto en torno a las exigencias lingüísticas en las ofertas públicas de empleo ha derivado en la ausencia de Comisiones Obreras en el recorrido, tras acusaciones cruzadas sobre vetos e incomptibilidades. Por otro lado, la llegada de Korrika a Pamplona volvió a poner de manifiesto la utilización de la carrera como plataforma para mensajes y simbologías ajenas a su propósito original. La exhibición de imágenes y lemas que nada tienen que ver con la promoción del euskera, y que incluso pueden resultar ofensivos para una parte de la sociedad, no solo distorsiona el sentido de la iniciativa, sino que facilita interpretaciones interesadas que vinculan de manera injusta el idioma con posiciones o episodios que le son ajenos. Conviene no perder de vista lo esencial.
El euskera, y con él sus hablantes, continúan en una posición de desventaja en múltiples ámbitos. Frente a la extendida idea de que su conocimiento otorga privilegios, la realidad cotidiana muestra que son los hablantes de castellano y francés quienes pueden desarrollar su vida con plena normalidad, con sus derechos lingüísticos garantizados en todo momento. La normalización del euskera no es, por tanto, una cuestión de imposición, sino de equilibrio y justicia. El punto de encuentro debería ser la defensa de unos derechos lingüísticos que permitan vivir en euskera en igualdad de condiciones. Para ello, resulta imprescindible combinar la acción institucional y social. Desde la política deben establecerse marcos normativos sólidos que protejan y promuevan el idioma, frente a quienes consideran que se ha avanzado demasiado o incluso aspiran a retroceder. Pero junto a ello, es igualmente necesario un esfuerzo sostenido de persuasión, de generación de consensos amplios que sumen voluntades y amplíen el espacio de uso del euskera en todos los ámbitos.