El reciente acuerdo de gobierno entre PP y Vox en Extremadura, que se replicará muy probablemente en las próximas semanas tanto en Aragón como en Castilla y León, supone la apertura de un nuevo ciclo político en el Estado, que tendrá su continuidad en Andalucía, la comunidad más poblada, el 17 de mayo y que enfoca directamente a las elecciones generales. El pacto confirma además que es mucho más lo que une a las derechas españolas que lo que las separa y que confirma además que una parte de la agenda política del conservadurismo tradicional ha sido capturada por la ultraderecha, que sigue marcando los discursos.

Uno de los aspectos más relevantes del acuerdo de Extremadura supone que los dos partidos se comprometen a modificar la Ley de Derechos y Libertades de los Extranjeros en España, más conocida como ley de extranjería. El objetivo último de este acuerdo es acabar con la actual prohibición de discriminar a los inmigrantes en materias como el acceso a las ayudas públicas y especialmente a la vivienda, bien escaso y materia en la que Vox trata de imponer su discurso xenófobo. Y, gota a gota va arrastrando al Partido Popular en esta dirección.

En el fondo se trata de la consecuencia de un movimiento político general de mayor calado, que quizá en Navarra y la Comunidad Autónoma Vasca no se aprecia con la misma nitidez –en buena medida por la mayor cohesión social–, pero que resulta muy claro en otros territorios: el eje ideológico se ha desplazado hacia la derecha, como prueban los resultados electorales en las diferentes comunidades autónomas e incluso la propia composición del Parlamento Europeo, donde las derechas tradicionales y trumpistas coinciden en la necesidad de frenar las renovables y la inmigración, en los presupuestos ajustados, en las rebajas de impuestos a los más ricos y en la necesidad de incrementar el gasto militar.

La guerra en Irán y el delirio de Trump parecen estar frenando a la ultraderecha y, en concreto, a Vox, para quien ya sería un éxito que el PP no reedite su actual mayoría absoluta en Andalucía. A partir de ahí, los acuerdos de las derechas en los diferentes gobiernos autonómicos tienen un objetivo claro para Vox: hacer inevitable un pacto similar cuando se celebren las elecciones generales. Porque la agenda ideológica ya se encuentra en su terreno.