El día 30 de diciembre me llevaron a urgencias. Estaba muy grave y lo último que oí fue que me tenían que sedar para intentar curarme. Según me han explicado después, el 31 de diciembre le dijeron a mi mujer que todos estábamos luchando por mi vida. Para tranquilizarla a ella y a mi familia les comentaron que teníamos los tratamientos más avanzados, y que no podía estar en mejores manos.

Después de 13 días en la UCI comencé a despertar. Jesús, el médico que me ha tratado, me dijo que llevaba 13 días sedado y que había estado muy mal, pero yo no entendía mi situación. Al final se fue, diciéndome que ya me contaría todo en otro momento.

Poco a poco y en el transcurso de la semana, por conversaciones con unos y otros, me enteré cuál había sido mi estado y cuál era mi pronóstico (supongo que en ese momento tampoco me dijeron toda la verdad para no alarmarme). Al final, tras 23 días en la UCI, me pasaron a planta.

Tengo que contaros una cosa: me he dado cuenta de que un buen médico, una buena enfermera, no es aquél que dispone de las últimas tecnologías o de los tratamientos más punteros; en la UCI de la Virgen del Camino he comprobado que son grandes profesionales por sus conocimientos, pero sobre todo por su trato al paciente. Me han medicado el cuerpo, y además tengo que agradecer la medicación del alma. Han estado conmigo y me han administrado las medicinas que ellos consideraban necesarias, pero lo que para mí es más importante, y lo que de verdad siento que me ha curado, es que han estado ahí para llorar y también, por qué no, para reír conmigo.

Según la definición que todos conocemos, UCI es Unidad de Cuidados Intensivos. Según mi definición, a partir de ahora la UCI se convierte en la Unidad de Cuidados Integrales. Me he sentido mimado, y sobre todo acompañado y querido. No voy a dar nombres; todos los que sois debéis daros por aludidos. Os llevo en mi corazón.

Me viene a la memoria una cita del Talmud: "Quien salva una vida, salva a la humanidad entera".