Pandemias, pestes y otras peripecias

30.03.2020 | 15:50

Estamos atravesando en estos momentos unas difíciles circunstancias por la difusión acelerada del llamado coronavirus, de origen en la lejana China, pero que debido a la rapidez y profusión de las comunicaciones, bien por motivos comerciales o turísticos, en un mundo plano o global, se ha difundido en poco más de un mes a Europa y otros continentes, en general. El virus preocupa sobre todo por su carácter desconocido y facilidad de contagio.

El Gobierno de España, siguiendo el consejo de los expertos científico-sanitarios, ha debido adoptar ante la rapidez de la propagación de la pandemia, disposiciones draconianas relativas a la higiene personal, limitación de movimientos a lo imprescindible, cierre de todo tipo de establecimientos, salvo aquellos vitales y cese de toda suerte de actividades laborales presenciales, , lúdicas, sociales, culturales y deportivas, a fin de evitar, a través del aislamiento y la reclusión de la gente en sus casas, la propagación del virus. Así consta en el Real Decreto 463/2020 de 14 de marzo, publicado en el boletín oficial del mismo día y con entrada en vigor en el momento de su publicación, que declara el "Estado de Alarma", previsto en el art.116.2 de la Constitución y 4º de la Ley Orgánica 4/1981, en todo el país durante quince días naturales.

En este trance de recogimiento, propicio a la reflexión, pienso que puede ser oportuno hacer una pequeña relación de otras situaciones, en cierto modo relacionadas con nuestra actual peripecia, que, por desgracia, han ocurrido en la historia de la humanidad. Nuestro enfoque pretende ser informativo sin alarmismos, destacando, primordialmente, aquellas obras literarias e incluso cinematográficas, que se hicieron eco de tales calamidades.

Haremos, en primer lugar, una leve mención a la primera pandemia de que se tiene noticia y que por su inusitada gravedad no parece tener ninguna relación con la del coronavirus actual. Nos referimos a la llamada "Peste Negra", también llamada "bubónica," que devastó Europa entre los años1347 y 1351, desatando oleadas de misticismo y expresiones religiosas de arrepentimiento, por atribuirse por algunos miembros del clero tales tragedias a un castigo divino por los pecados. Todos hemos visto escalofriantes escenas de penitentes en algunas películas de Ingemar Bergman, como el "Séptimo Sello" y otras. Curiosamente, el intérprete de esta visión apocalìptica, Max von Sidow, acaba de fallecer a la edad de 90 años.

Como prueba del cambio de los tiempos no nos podemos imaginar en nuestros días escenas parecidas, dado el carácter mucho más laico de nuestras sociedades. El hombre europeo confía básicamente hoy en la ciencia y los sistemas sanitarios y asistenciales, aunque, como estamos viendo ahora, nuestros medios técnicos y sanitarios no nos libran, a veces, aunque si palian, los efectos de virus y bacterias enemigos de nuestra salud.

Probablemente referido a esta misma peste, por la coincidencia de fechas: 1348-1353, es la bien conocida obra: "El Decamerón", compuesto por el famoso escritor florentino, Boccaccio. Se trata, en síntesis, de 100 relatos, llenos de ingenio y desenfado, expresión de la vida licenciosa y costumbres disipadas, existentes en las refinadas y ricas ciudades italianas de esa época. El argumento comienza con la reclusión de 10 amigos, (7 hombres y 3 mujeres), en una villa en el campo, a las afueras de Florencia, para unos días de aislamiento, como el que nos impone nuestro estado de alarma ahora, para evitar la propagación de la peste existente en la ciudad. Para entretener el tiempo los "turistas" o poseedores de segundas residencias, como parecen estar haciendo ahora, acuerdan cada uno de ellos contar una historia picante cada día durante los diez del confinamiento. El relato de cada día termina con el cántico de una melodía. Estas canciones representan, según los críticos, el más acabado exponente del talento poético de Boccaccio. El retiro de los amigos parece durar diez días, de ahí el título griego de la obra. Esperemos que el nuestro no exceda en mucho al florentino, por haber desaparecido el riesgo de contagio ya.

Otra evocación de la peste la encontramos en la famosa novela, también italiana, "Los Novios"del poeta y novelista Alessandro Manzoni, uno de los inspiradores del Risorgimento y padre de la lengua italiana literaria, también, pues se trata de una pieza escrita en pura prosa toscana, habiendo sido considerada como una de las cumbres de la literatura universal. La obra escrita en el primer tercio del S.XIX relata la historia, que transcurre en el S.XVII, de dos novios campesinos que pretenden contraer matrimonio en Milán y tienen que superar incontables obstáculos, a causa de la Guerra de los Treinta Años, la nefasta oposición de un noble arrogante y vengativo y la cobardía de un clérigo pusilánime. Mientras tanto, la peste, el cólera, acecha y compone un cuadro sombrío de inquietante desolación.

Ya en el siglo XX, la peste, esta vez con un nuevo nombre, la "Gripe", hace su aparición en el escenario europeo: estamos en el año 1918, un año ya de por sí calamitoso, pues asistimos al último año de la Gran Guerra, o Primera Guerra Mundial, en que todos los contendientes, vencedores y vencidos, están exhaustos, y la gripe en su versión más dañina se esparce sin control por Europa. Si bien la enfermedad parece tener su origen en los Estados Unidos, los contendientes trataron de minimizar, a través de rígida censura, su existencia y efectos, lo cual provocó el que al ser España un Estado neutral, fuera allí donde primero se anunciara con todo género de detalles. El resultado fue que inmediatamente el mundo en general denominó la enfermedad como: "Gripe Española", que es el nombre con el que ha pasado a la historia. Mi madre, nacida en el 1910, recordaba nítidamente cómo la niña asustada percibía el ambiente fúnebre de la plaga, en San Sebastián, su ciudad de residencia, entonces.

Si bien no parece descabellado que esta gripe fuera la peste evocada por Thomas Mann en su novela, "Muerte en Venecia", la fecha de su publicación (1913) parece desmentirlo. Dicha obra fue llevada después a la pantalla por Luchino Visconti en 1971, con Dirk Bogarde como protagonista, en el papel de Gustav von Aschenbach, escritor con pulsiones homosexuales en sus relaciones con el bello adolescente polaco Tadzio en el Hotel des Bains del Lido. El ambiente de la ciudad, sombrío y lleno de sospechas por un silencio espeso y encubridor de la peste permea la película.

Hay, en todo caso, evidentemente, otras obras literarias, novelas o películas que tienen como telón de fondo la amenaza de alguna peste, plaga o pandemia como, entre otras:"La Peste", de Albert Camus o "El Amor en los Tiempos del Cólera", de Gabriel Garcia Márquez y sin duda, esta de coronavirus también dará origen a realizaciones literarias o cinematográficas con mezclas, más o menos afortunadas y brillantes de realidad y ficción.

Hecha esta relación de algunas de las más graves pestes o pandemias y sus trasuntos literarios y artísticos, en general, conviene que seamos conscientes de que su alcance y consecuencias son muy diferentes a lo que pueda ocurrir en nuestro mundo actual. Si es claro que su velocidad de transmisión es más rápida por la mejora extraordinaria de las comunicaciones, hay un factor que mitiga exponencialmente su letalidad: las medidas de higiene, la sanidad universal y gratuita, sobre todo en los países europeos como España, y los avances extraordinarios de la medicina constituyen un escudo protector de enorme garantía y seguridad para la salud y curación de los hipotéticos afectados. Así pues, seamos precavidos, sigamos el consejo de las autoridades políticas y sanitarias y nunca sucumbamos al desaliento y menos al pánico: ¡no hay motivo, lo superaremos!