El escupitajo

20.11.2020 | 15:34

El refranero popular desborda de sabiduría y sentido común cuando dice "el que tiene una suegra, tiene un tesoro" y en mi caso lo es por doble partida porque a su indiscutible habilidad culinaria hay que sumarle la sabiduría que desprende cada vez que nos deleita con sus dichos, refranes y/o susedidos.

Pues bien, esta última semana he vuelto a acordarme de uno de sus dichos populares, ese que dice "cuanto más alto escupas, más te caerá encima", al tener conocimiento de la llegada del gigante Amazon a la localidad guipuzcoana de Oiartzun. Al parecer, la compañía del multimillonario Jeff Bezos, el hombre más rico del mundo, ha depositado su mirada en una parcela utilizada hasta ahora por una empresa de transporte y prevé así, abrir su segundo centro en Euskadi, tras el que abrió en Trapaga en verano del 2019.

La empresita de marras, sólo en España, tuvo una cifra de negocio de 331 millones de euros en 2019 y su beneficio alcanzó los 18,25 millones de euros y todo ello, como consecuencia de millones de pequeños actos de compra de millones de consumidores como usted y yo que, autoparapetándonos en justificaciones de lo más peregrinas, caemos en las redes de esta empresa que, sabedora de lo que valoramos el factor de la comodidad, ha creado un verdadero monstruo logístico-comercial por el que tienen que transitar miles de empresas si quieren estar presentes en este escaparate mundial y al que recurren millones de clientes que anteponen la comodidad al compromiso social, económico y medioambiental con su comunidad más cercana. Lo que empezó vendiendo libros, abarca todo tipo de productos, incluso alimentos frescos y estos días hemos conocido su firme intención de entrar, por ahora en Estados Unidos, en la distribución de productos farmacéuticos. ¡A temblar, señores farmacéuticos!

El comercio tradicional, familiar y ciertamente pequeño, sea urbano o rural, se desangra con cada uno de nuestros clicks y encima, paradójicamente, se ven casi obligados a mostrar cara de agradecimiento ante las estériles muestras de apoyo de esos mismos que, sigilosamente, los rematan, click a click. La incoherencia no es algo exclusivo de los consumidores y se expande también entre determinados partidos políticos y responsables políticos en particular que saltan raudos a la calle, pancarta y altavoz en mano, contra cualquier implantación que huela a multinacional, cadena de distribución, franquicia, etc., siempre que, eso sí, se implante en un municipio gobernado por un partido contrincante.

Esta misma semana hemos comprobado como los responsables de EH BILDU, actual representante de la izquierda abertzale, ha sufrido en sus propias carnes la medicina que ella suministra a los demás y recibido, a modo de abominable escupitajo, el reproche de todos aquellos que ven cómo critican y rechazan, por tierra, mar y aire, con toda la artillería socio-política conformada por asociaciones, plataformas, etc. mientras ahora, cuando el municipio elegido es regido por dicho partido, callan y se ponen de perfil para no verse perjudicados.

Las plataformas turbodinámicas frente el macro-outlet de Hondarribia (macro-outlet, para evitar suspicacias, rechazado públicamente por el abajo firmante) no deben tener más plástico para nuevas pancartas, los impulsores de firmas contra la apertura de Mercadona en Lazkao andan a falta de folios para recabar más firmas, los habituales voceros en redes sociales bastante tienen con los socavones del metro donostiarra y otras muchas iniciativas de protesta generadas espontáneamente y nunca, nunca, nunca, por muy malpensado que usted pueda ser, impulsadas desde algunos aledaños políticos, han enmudecido sospechosamente. Tanto es así, que llevo varios días intentando encontrar en el diario oficial la noticia sobre la llegada de Amazon a Oiartzun y por increíble que resulte, por mucho que mire y remire sus páginas, no la encuentro.

Los afectados por la polémica, los dirigentes tanto locales como superiores de la izquierda abertzale, tirando de argumentario oficial, argumentan que el ayuntamiento no puede impedir la implantación, que la operación no es más que sustituir una empresa de camiones por una operadora logística y que ellos mantienen su tradicional apuesta por el comercio pequeño y en contra de todos estos emporios comerciales. Olvidan, eso sí, que lo de Amazon no es nada nuevo en Oiartzun si no una gota más en un municipio, por cierto, histórico bastión de la izquierda abertzale que desde tiempos inmemorables ha desarrollado una ordenación territorial y política de urbanismo que ha facilitado, cuando no buscado, la implantación de numerosos centros comerciales, más allá del mítico Mamut, outlets, etc.

Reconozco que la cuestión es difícil de gestionar y casi imposible mantener la coherencia entre lo que exigimos para otros frente a lo que nos exigimos a nosotros mismos, calibrar la actuación ajena con el mismo metro que la propia y más en una cuestión como ésta donde, además de lo que se pueda hacer desde las instituciones públicas, es la actuación privada de millones de convecinos, sus hábitos de consumo, las que determinan el devenir de la actividad comercial.

Ante este complejo panorama no nos cabe más que plantear todo con más humildad, coherencia, sin sobreactuar, sin electoralismo, en voz baja y a poder ser, tragar saliva y escupir lo menos posible.

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