Las fracturas internas son consustanciales a la izquierda. Su militancia y sobre todo sus cuadros acostumbran a tener la piel tan fina que pequeñas divergencias han precipitado sonadas escisiones en este espectro ideológico. Podemos es quizá el mejor ejemplo de esto. Hace apenas 10 años irrumpió en el tablero como una fuerza aglutinadora de distintos espacios con un respaldo envidiable, pero poco a poco ha ido tirando por el desagüe su caudal político por cuestiones difíciles de comprender para buena parte de su electorado.
Sería injusto decir que este despilfarro obedece únicamente a personalismos, porque también ha habido desavenencias ideológicas y estratégicas. Pero para quienes tenemos La vida de Brian entre nuestras películas favoritas, nos resulta imposible no relacionar la hilarante sátira que contiene este largometraje sobre las distintas facciones religiosas y políticas de la Judea del siglo I con lo ocurrido en la formación morada. En aquella genial peli que los Monty Python estrenaron en 1979, el Frente Popular de Judea mantiene una enconada rivalidad con el Frente Judaico Popular, pese que ambos no solo tienen nombres casi idénticos, sino también objetivos políticos coincidentes.
Muy parecido a lo que ocurre por aquí ya no solo con Podemos y Sumar, sino dentro del mismo Podemos, donde su recién elegida coordinadora autonómica pide a los cargos de su partido que salgan del Gobierno de Navarra y al día siguiente el 40% de la dirección que dice representar al 49,5% de la militancia defiende lo contrario. Si este despropósito lo analizamos desde la perspectiva de que Podemos forma parte de Contigo-Zurekin, donde también están IUN, Batzarre, independientes y grupos ecologistas, y entre todos tienen tres parlamentarios de 50, resulta obvio que si algo no les conviene es alimentar escisiones. Pero se ve que algunos no aprenden.