No habían pasado 48 horas desde que las primeras bombas estadounidenses e israelíes cayeran en Teherán y la mayor parte de las gasolineras navarras ya había subido sus precios de manera contundente. Subida preventiva, dirían algunos; es el mercado, amigo; valorarían otros. La realidad: captura de márgenes pura y dura con el único objetivo de exprimir al máximo una coyuntura económica que amenaza con complicarse al calor de las explosiones de Oriente Próximo.

Por ello, las ayudas anunciadas este viernes por Pedro Sánchez, unos 5.000 millones de euros, el equivalente al presupuesto anual de la Comunidad Foral de Navarra, además de insistir en un cierta visión asistencialista, dejan en el aire una duda. ¿Beneficiarán directamente a los consumidores o serán aprovechadas por los eslabones con mayor capacidad para fijar precios de la cadena comercial?

Lo sucedido en anteriores crisis no invita precisamente al optimismo –hasta el 70% de las ayudas fiscales se las quedan las empresas–, por lo que será clave que los controles de abusos y márgenes anunciados funcionen de verdad y lo hagan en tiempo real y con rapidez. Porque, como se vio hace tres semanas en las estaciones de servicio, los más espabilados están a la que salta.