Renta garantizada o ayudas para los de fuera

07.02.2020 | 16:34

Hace tiempo que tenía ganas de escribir sobre el tema de las ayudas a las familias más necesitadas, y espero que estas líneas aporten argumentos para una mejor comprensión de la necesidad de que existan estas ayudas, y de su contribución al bienestar de nuestra comunidad. Y si es el caso, espero que sirvan para tranquilizar a todas aquellas personas que viven atormentadas pensando si tienen más derechos los que vinieron de fuera que los de aquí.

Definir quién es de aquí es un follón que no me compete, así que no me entretengo, cada uno que lo interprete a su manera.

Lo que sí me gustaría enumerar unos pocos argumentos que justifican la necesidad de que, en nuestra comunidad, haya unos mecanismos de ayuda que garanticen que todas las personas que vivimos aquí lo podamos hacer en condiciones dignas y equitativas. Sobre todo los niños, niñas y adolescentes. Porque los niños y niñas, esto es, todas las personas de menos de 18 años, tienen los mismos derechos tal como establece la Convención sobre los Derechos de la Infancia ratificado por España en 1991.

Porque tienen los mismos derechos

Independientemente de dónde hayan nacido ellos o sus familias, todos los que se encuentran bajo la jurisdicción de un Estado Parte, o sea, aquí, tienen los mismos derechos, los de aquí y los de fuera. Por tanto, las instituciones públicas tienen que garantizar su derecho a la educación, la salud, supervivencia y desarrollo entre otros derechos. Y ese derecho a la supervivencia y desarrollo está directamente relacionado con las ayudas o la renta de inclusión social que reciben aquellas familias que no tienen los medios suficientes para garantizarlo.

No obstante, para que todo el mundo se quede tranquilo, antes de escribir este artículo he vuelto a leer la normativa, y sigo sin encontrar la famosa cláusula en la que pone que las ayudas sólo son para los de fuera. Por tanto, las personas que no tienen capacidad económica, los de aquí y los de fuera, tienen derecho a las mismas prestaciones económicas periódicas si no tienen cubiertas sus necesidades básicas.

Las desigualdades existentes en nuestra sociedad imponen una clara desventaja para los niños y niñas de familias con menos recursos (económicos, pero también educativos y culturales) en aspectos tan elementales para su desarrollo como la educación, la salud y la vivienda, lo que supone hoy una vulneración de sus derechos más fundamentales. Pero además, esta desigualdad se puede convertir en un cepo que atrapa a algunas familias en círculos viciosos de precariedad y pobreza, lo que impide la movilidad social de los niños y niñas. Por ello, es importante y urgente que se pongan todos los medios para evitar que aumenten las desigualdades.

Porque Navarra es una comunidad solidaria

Si hay algo de lo que la ciudadanía navarra siempre se ha sentido muy orgullosa es de su solidaridad. De ese espíritu solidario de las misioneras, misioneros y cooperantes de Navarra que durante siglos han renunciado a todo para ayudar a las personas más necesitadas en África, en Asia, América? Esa llamada a la corresponsabilidad que lleva a miles de navarros y navarras a dedicar su tiempo y dinero a apoyar proyectos solidarios aquí y allá. Desde hace unos años, en nuestra comunidad hay familias que necesitan de ese espíritu solidario, que necesitan de un apoyo para salir adelante, incluso para cubrir las necesidades básicas. Por ello, debemos desplegar ese espíritu y apoyar a aquellos vecinos o vecinas que no disponen de los medios para que puedan vivir en una manera digna, sobre todos los más pequeños.

Lo que cada persona o familia entienda lo que es vivir de manera digna puede llevar también a un amplio debate que aquí no voy a abordar, porque en gran medida el establecimiento de este nivel mínimo de vida digna viene determinado por el nivel de bienestar medio de cada comunidad.

Pero aprovechando esta creencia tan mercantilista, y lamentablemente cada vez más creciente en nuestra comunidad, de que las familias que no tienen recursos económicos suficientes deben vivir cercanos a una situación de supervivencia, voy a utilizar unos argumentos más mercantilistas.

Porque la desigualdad lastra el crecimiento económico

Las desigualdades extremas suponen un lastre para el crecimiento económico. La infancia es una etapa en la vida que es determinante para las oportunidades que un individuo tendrá en su vida adulta. Es evidente su impacto en la salud, pero también en su capacidad de tejer redes y para integrarse en la sociedad. Ni que decir en su capacidad para aportar al crecimiento económico, ya que su capacitación como profesional determinará su empleabilidad y sus oportunidades para convertirse en alguien productivo, que paga impuestos y que contribuye a la sociedad.

Además, como han demostrado muchos economistas, a medida que el nivel de desigualdad aumenta, el crecimiento económico tiene limitada su capacidad de reducir la pobreza. Por ello, es necesario invertir en reducir las brechas. Y la inversión más eficiente y más efectiva es la inversión en políticas dirigidas a la infancia, desde las ayudas monetarias a las familias a las políticas educativas, de salud o de vivienda. Porque las desigualdades condicionan el bienestar de toda la sociedad porque son un factor de desafección política, y en el peor de los casos, fuente de inestabilidad social e inseguridad.

Por todo ello, ya sea por responsabilidad legal, moral, o por sus implicaciones en la economía o la sociedad, es necesario garantizar los derechos de la infancia, y eso supone que desde la sociedad debemos apoyar, promover, impulsar y exigir que las instituciones públicas desarrollen políticas dirigidas a reducir la pobreza infantil, incluidas las ayudas o rentas de inclusión social dirigidas a las familias.

La autora es coordinadora Unicef Comité Navarra