Sopena...

09.02.2020 | 01:28

desde Orain Bai no nos opusimos a la creación de la comisión de investigación propuesta por los grupos parlamentarios de la oposición para que se investigara el revisadísimo caso Davalor, comisión ampliada -para su aprobación- por los del tetrapartito para que se revisaran también otros asuntos de pasadas legislaturas, porque si los demás grupos parlamentarios creen que hay algo que investigar están en su derecho de hacerlo, aunque nosotros no teníamos la más mínima intención de jugar a eso.

Para Orain Bai el problema de Sodena es otro y no se soluciona con ninguna comisión de investigación, cuyas conclusiones se sabían de antemano (no ha habido sorpresas) que no podían llevar a nada porque nadie ha cometido ninguna ilegalidad (al menos demostrable) por mucha barbaridad que se pueda considerar lo que unos u otros hayan podido hacer a lo largo del tiempo.

Para comprender su dinámica de funcionamiento de Sodena y a quien presta principalmente sus servicios, hay que retrotraerse a sus orígenes, y aunque esta sociedad tiene su fecha de creación en el año 1984, su autoría intelectual hay que situarla bastantes años antes.

Hay que irse a los años sesenta, en plena dictadura franquista, donde en el Estado existía un sector público, ese que estaba englobado en el famoso INI (Instituto Nacional de Industria).

Sin embargo, en Navarra no hizo falta crear ningún INI foral, ya que era desde la propia Diputación Foral de Navarra, donde la élite empresarial de la época, capitaneada por el empresario y a la vez presidente de la Diputación Félix Huarte, manejaba a su antojo todos los ingresos de la comunidad. Atrayendo industrias de fuera y engordando en progresión geométrica las suyas propias. Era lo que por aquella época, los entonces críticos al régimen denominaban Difonsa, esto es, Diputación Foral de Navarra, SA.

Estas élites empresariales distribuían las ayudas, creaban planes industriales a su medida e invitaban a sus amigos a participar en el suculento negocio. Desde la Diputación posibilitaban una mayor flexibilidad, discrecionalidad y agilidad en la concesión y eliminación de obstáculos y trabas administrativas para la implantación de nuevas industrias y actividades, siendo ellos los que elegían a quién sí y a quién no dejaban participar en el suculento festín de la economía navarra.

Es con la democratización de la Diputación cuando los herederos ideológicos de este capitalismo liberal autóctono se inventan Sodena para continuar perpetrando este expolio a las arcas navarras.

Y como antaño Difonsa, desde 1984 Sodena ha venido funcionando bajo las decisiones políticas del Gobierno de turno que ni siquiera tiene por qué atender a los informes técnicos que pudieran existir sobre la viabilidad económica y/o social y otros aspectos a valorar de los proyectos, porque además, aunque suelan solicitarse, en ningún caso esos informes son preceptivos ni mucho menos vinculantes. Ya pueden decir los informes técnicos que pudiera haber que el proyecto empresarial que se plantea apoyar está condenado a fracasar inapelablemente, que si el Gobierno cree que merece la pena apostar por ese proyecto porque está alineado con su estrategia de desarrollo económico, o por lo que sea?, pues Sodena lo apoyará, sabiendo que están dando un dinero a fondo perdido, como en tantos casos ha pasado. Y la inversión se acabará llamando "fallida" y el dinero público "desaparecido" (en ámbitos empresariales privados, eso sí?). Muy legalmente las dos cosas. Porque cuando se apuesta por algo, cuando se arriesga algo, se puede perder. Así son las reglas de juego de la economía actual en general, y muy en particular en la que se realizan las operaciones de capital-riesgo. Unas veces se acierta y se gana, y otras se falla y se pierde...

Sodena es el juguete con el que todos los partidos esperan poder jugar con las manos totalmente libres si llegan al Gobierno, apostando y arriesgando el dinero público bajo sus criterios, intereses o pareceres, como si fuera suyo, y por eso nadie ha querido darle la configuración -y consecuente regulación de sus actividades- que tendría, por ejemplo, un Instituto Público de Crédito Oficial sometido a requisitos y normativas bancarias de las que Sodena se escaquea al estar configurada como empresa pública adscrita, con forma de sociedad anónima, al Departamento de Desarrollo Económico (industria).

Por mucho que se empeñen unos y otros grupos parlamentarios, sus conclusiones no pasan de conjeturas, reproches y veladas acusaciones de interés particular, o de tendenciosidad en las decisiones tomadas con la sospecha no probada como único argumento. Evidencias, muchas. Pruebas del delito, ninguna, porque ya se ha configurado el asunto para que el delito sea imposible, aunque el dinero público se prestara a sabiendas de que jamás iba a retornar.

Nuestra propuesta siempre ha sido que Sodena deje de ser una mera sociedad pública adscrita a un Departamento del Gobierno y financiada a cargo de los Presupuestos Generales de Navarra, y pase a ser un Instituto Público de Crédito Oficial para la inversión pública, y además el embrión una futura banca pública de alcance minorista.

Y nuestro voto a las conclusiones de la comisión de investigación será el necesario para que ninguna de ellas sea aprobada para no contribuir a continuar con el engaño a la ciudadanía navarra.

Firman este artículo: Carlos Couso y Laura Pérez Ruano (parlamentarios) y Javier Onieva Larrea (consejero CPEN)