Cooperativas y alcaldías

09.02.2020 | 08:35

Las cooperativas de Mondragón han puesto música sinfónica a su trayectoria. Lo llaman Humanity at Music con música de Fernando Velázquez y letra de Jon Sarasua. A ciertos rincones de Navarra no parecen llegar los ecos de este canto al cooperativismo vasco.

Eso nos ha recordado nuestros tiempos de sindicalistas en la fundición de Victorio Luzuriaga, aquel hombrico al que mirábamos como el explotador de miles de obreros y que solía ir al bar de al lado a comer un plato de alubias con tocino. Eran tiempos de huelgas, grandes subidas salariales y horizontes revolucionarios. Las cooperativas eran miradas como meros amortiguadores del capitalismo y adormideras del proletariado, y no entendíamos porqué salían como hongos en los mismos espacios antifranquistas donde emergían las ikastolas, la ETA, los sindicatos vascos, la izquierda abertzale y la subversión en general. Éramos bisoños y aún no conocíamos la historia ni el alma de nuestro país.

En aquellas agitaciones conocimos a un joven y entregado sindicalista que llegó a presidir el comité de empresa, con mayoría absoluta del sindicalismo revolucionario, primero con el Colectivo Unitario y luego con LAB. Se llamaba Jesús Arrizubieta.

Luego algunos abandonamos la fundición y acabamos montando empresas e incluso, ¡oh destino!, cooperativas. Entendimos mejor la lógica perversa del sistema y la complejidad de la sociedad vasca. Aprendimos que el viaje a la emancipación necesita diversos motores y veredas. Y que en la larga marcha hacia la patria libre y socialista, cuando no se puede segar, se espiga.

En el año 2007 la empresa Luzuriaga entró en grave crisis. Sobre la comarca de Tafalla se echó la niebla de la incertidumbre. El sindicato abertzale LAB, con mayoría absoluta, tomó una decisión histórica: eran tiempos de espigar. Junto a otros sindicatos, apoyó la creación de una cooperativa y pusieron a Jesús Arrizubieta al frente de la misma. Jesús ya había sido presidente de otra cooperativa, la ikastola, donde dejó un buen recuerdo. En plena recesión, el choque entre el nuevo cooperativismo y el tradicional sindicalismo de clase fue brutal. Las medidas, sangrantes. Unos veían un camino; otros una apisonadora. Desde fuera, fue doloroso ver reñir a los antiguos camaradas y esperábamos que, como ya había ocurrido en otras regiones vascas, todo quedara, como dijera el maestro, en contradicciones en el seno del pueblo.

A trancas y barrancas, arrastrando heridos, la empresa siguió adelante sin ningún despido, convirtiéndose en la mayor cooperativa industrial de Navarra. Con Fagor Ederlan, más de 800 trabajadores, con empleo digno, continúan dando aliento a la comarca. Eso sí, rotan los eventuales y los turnos según ordenen los verdaderos dueños (Renault, Volkswagen), y siguen existiendo las condiciones duras de una fundición. Por eso a veces cuesta explicar a los jóvenes proletarios la diferencia entre Victorio Luzuriaga, amo de las plusvalías, y el presidente electo y eventual de una cooperativa. Pero haberlas haylas, y muchas.

Acabado su ciclo, y dada su experiencia de gestor social, Arrizubieta ha sido presentado a la alcaldía de Tafalla por EH Bildu, y el debate sobre la cooperativa tafallesa y su trayectoria ha saltado hasta las paredes del pueblo con pintadas de baja estofa. La derecha se frota las manos.

Algunos no parecen recordar que, en ese hueco estrecho que queda entre el Dios mercado y la utopía social, la cooperativa presidida por Arrizubieta durante diez años ha seguido espigando: las ETT no tienen cabida; los sueldos son aceptables; los convenios colectivos, estables; la mujer ha entrado, con estricta igualdad, en puestos de dirección, jefaturas y producción; es de las pocas empresas que, por principio, contratan a mayores de 55 años, inmigrantes y personas con discapacidad. Y en su tamaño, no hay empresa en Navarra con un plan tan avanzado en la promoción del euskera. Ojalá entrara esta filosofía en todos nuestros consistorios. ¿Qué es al cabo un ayuntamiento sino una gran cooperativa?

La sinfonía de Humanity at Music sigue sonando. Traducimos la letra de Jon Sarasua:

Un barco se hunde

casi mil sin trabajo.

Rehaced, reinventad...

el trabajo es sagrado

¡Nunca nadie en la calle!

Os recordamos,

realistas de la utopía.

empresarios sin riquezas.

En 2007 la izquierda abertzale acertó apostando por una cooperativa en Luzuriaga. En 2015 acertamos, apostando por el cambio en las instituciones navarras. Estamos de racha. Aurrera!