Altsasu, Sakana

10.02.2020 | 08:33

Entre los pueblos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz. Benito Juárez. Expresidente de México

Unos jóvenes de Altsasu, muy alegres e impetuosos, se encontraron en el bar con otros no tan alegres y dispuestos a pelear; los de Altsasua no se identifican con los provocadores, éstos siguen con empujones e insultos alterándose los ánimos, los policías abusando del uniforme -sin uniforme-. Estos jóvenes están celebrando, se lo merecen, se divierten -si les dejan-, están en su pueblo, el respeto al otro, los derechos ciudadanos, derechos humanos, ¿dónde están?

La autoridad, ¿qué hace? ¿Cómo y cuándo trabaja? En la cárcel están los jóvenes, ¿y los provocadores? Adiós gracias. Los jueces que llevan el asunto, ¿en qué se basaron? ¿Cómo fue su veredicto para semejante sentencia, cómo la investigaron? ¿Estarán caducas las leyes? ¿Cómo fue elaborada? El sistema no es imparcial, la falta de honestidad sin responsabilidad ¿qué nos indica? ¿Hacia dónde nos dirige? El sistema de justicia está atorado en una investigación poco objetiva, injusta y nada transparente.

Los padres, el pueblo, tienen derecho a exigir. La solidaridad se extiende no sólo en Altsasu, Sakana -País Vasco-, sino en todo el mundo. ¿Por qué tanto odio y rencor disfrazado, les molesta que hablen su lengua? Es su identidad. ¿Por qué ese maltrato hacia los jóvenes? Ellos se divierten, aman la vida, están en su tierra, tienen derechos, dignidad, ¿la justicia, cuándo y cómo trabaja? Jueces, políticos, gobernantes, la justicia brilla por su ausencia -para los jóvenes cae dura la mano de la impunidad-. La ley para nuestros muchachos era verde y un burro se la comió quedando desamparados, dice un dicho popular, no hagamos que tal dicho se vuelva realidad. Los padres con justa razón claman, luchan, exigen, tienen derechos, su voz queda silenciada, los provocadores se mueven con total tranquilidad -amparándose en su ley y en la impunidad-, por la noche se disfrazan para justificar su pseudo trabajo, abogados, jueces, magistrados no caigan en la impunidad, tampoco en oscuras presiones ni en intereses comerciales deshonestos, fuera los disfraces tendenciosos, nocturna embriaguez sin luminarias, calles desiertas, caminan infiltrados, noticias manipuladas, manipulables, tergiversando la realidad y juzgan, fuera la doble moral. Por favor, no caigan ni se identifiquen por mentiras de algunos que no conocen la realidad, ustedes saben que la ignorancia y la maldad son muy crueles y atrevidas.

Somos herederos de una cultura, idioma, milenaria, rica, nuestra identidad nos caracteriza, respetamos todas las lenguas, culturas -incluida la de ustedes-, venimos de eras y cultura antiquísimas, somos hijos del sol, venimos de la Atlántida, la lemuria, somos los indígenas de Europa, exigimos respeto, comprensión para una armonía necesaria, no somos espectadores, somos protagonistas y exigimos más justicia, respeto para hablar y actuar con la verdad.

Por mi raza hablará el espíritu, dijo un sabio en México, una abuela vasca dijo a su nieta, procura ser tan grande que todos quieran alcanzarte y tan humilde que todos deseen estar contigo y parecerse a ti. Esa es parte de nuestra educación y la llevamos como lema.

Jueces, ustedes saben mucho de leyes, pero no se olviden que nosotros, el pueblo, también tenemos derechos y exigimos una justicia más transparente, relajemos la mente y activemos más la conciencia, que es lo más digno que tenemos, no queremos demagogos, queremos gente honesta, clara, justa y sincera.

Analicemos, matan a un guardia civil -fuera de servicio en un bar de Don Benito (Badajoz) en Extremadura, la tierra de Pizarro y Hernán Cortés. Sentencia de los jueces: era una trifulca, una pelea de bar con guardias civiles fuera de servicio, repito sentencia de los jueces. En Altsasu sin muertes es terrorismo. Analicemos la diferencia cómo se juzga en Extremadura, nada similar ni equiparable para el País Vasco. Por favor, no abusen tanto del poder ni sacrifiquen más a nuestro pueblo, ya basta, más respeto.

Como decía el gran poeta Miguel Hernández; Ya no hay cárcel para el hombre.

No podrán atarme no, este mundo de cadenas, me es pequeño y exterior. ¿Quíen amuralla una sonrisa? ¿Quién amuralla una voz?

Vivimos entre vigías en la oscuridad, son dueños de la misma oscuridad, en el submundo, inframundo, hay tratados y sospechas, los jóvenes no nacieron para vivir encarcelados, no son delincuentes, nacieron para ser libres, felices y exigen justicia, tienen derechos, en la calle hay muchas voces exigiendo su libertad, no sólo en el País Vasco, en el mundo. La justicia, ¿para quién? ¿Qué es? ¿De quién es? ¿En dónde está la verdadera justicia? Los jóvenes no piden limosnas indignantes, la libertad y la verdad son su poder, no olvidamos a nuestros jóvenes, no los olvidaremos jamás, están presentes en todo momento, el respeto y el amor son nuestra bandera y nuestra prioridad ahora y siempre.

Nos bañamos en aguas cristalinas, no nacimos en fangos, repito, somos hijos del Sol, amamos nuestros orígenes, nuestra identidad, nuestro pueblo, nuestra cultura, nuestro idioma, nuestra bandera, a los elementos de la naturaleza y a nuestro querido planeta Tierra. Respetamos, estudiamos y amamos otras razas, culturas, tradiciones, otros pueblos, otras lenguas, nuestro sistema inmunológico lucha en una armonía constante entre una mente y un corazón sanos. Nacimos para amar, ser libres y vivir dignamente -si nos dejan-. Somos nobles y la libertad y el respeto son nuestro escudo y nuestro poder, no olvidamos a nuestros jóvenes -que se los llevaron-, amamos a nuestros antepasados y, claro, a nuestros muchachos, los queremos en nuestro pueblo, en su casa, porque son nuestros, no en la esclavitud. Los amamos, los necesitamos.

No están solos, no estarán nunca solos, no estuvieron solos, jamás estarán solos.

Somos conscientes que los jóvenes se defendieron de los provocadores, por lo tanto no cometieron grave imprudencia. Era una pelea de bar, pero la sentencia les cayó muy dura. Según los jueces, fueron actos muy graves. Según expertos y nosotros ni tan graves y muy injustas y fueron provocados.

Somos hijos de la verdad, hermanos de la dignidad, primos de la honestidad, nietos de la auténtica justicia. El que pondere bien y rectamente sus propios actos no tendrá porqué juzgar severamente a los demás.

Espero con este texto participar y a la vez esclarecer la triste realidad de un juicio -injusto y nada transparente- muy lejos de ser objetivo en el pleno siglo XXI hacia unos jóvenes vascos de Altsasua.