Las cosas por su nombre

11.10.2020 | 00:38

a este paso voy a terminar siendo amigo de Casado, son tantas sus piedras que flagelan la fachada de Génova que hasta su propio mentor ha tenido que salir a la palestra desde su escondrijo en Marbella, porque ya no son suficientes sus llamadas estilo monarca, ni sus wassaps, para marcar el paso de un partido que se encuentra a la deriva, y que a la siguiente ciclogénesis sucumbirá por naufragio.

El PP de Madrid se ha quedado solo en su política tabernaria contra el Gobierno Central, y todas sus otras comunidades o han renunciado a la vía judicial para oponerse a las restricciones pactadas por el Gobierno de coalición, o directamente las han puesto en práctica, como la Comunidad de Castilla y León, con un índice de contagio muy inferior a Madrid, y ahora intentan cuadrar el círculo justificando algo que no lo haría ni el propio Donald Trump.

Existe una corriente de intelectuales en la capital, algunos progres también, que atribuyen el desbarajuste a los políticos en general, como si todos ellos tuvieran el mismo nivel de responsabilidad, rehuyendo el reto de separar el trigo de las paja, porque desde el primer instante que hizo su aparición la pandemia, el PP ha jugado a desgastar al gobierno por medio de la Torquemada de turno, la señora Ayuso, primero aludiendo a la existencia de un golpe de estado contra la democracia al instaurar el estado de alarma, sacando a sus huestes del barrio de Salamanca a la calle, y luego, a que las restricciones de la segunda ola de la pandemia están dirigidas contra el PP, y por tanto, contra Madrid, cuando resulta que 8 de las 10 primeras restricciones tenían que ver con las localidades gobernadas por el PSOE. La salud de los madrileños es lo de menos.

Son tan fatuos sus dirigentes, que se valen ellos solos para desacreditarse, como ese Madrid es España y España es Madrid, una frase que le perseguirá a la Ayuso por el tiempo que dure su carrera política, logrando fruncir el ceño a todas las comunidades autónomas sin excepción, y que Vox asista risueño a la contienda pensando en un futuro maridaje pilotado por ellos mismos. Quizás no esté tan lejos ese día.

El señor Casado se encuentra tan desorientado que admite públicamente su intención de seguir bloqueando la renovación del CGPJ, tamaña deslealtad ha pillado al señor Lesmes mirando al tendido, tratando de palurdo a Sánchez por no saber leer el art. 122 de la Constitución que le impediría tal renovación sin su consentimiento al no obtener los 3/5 de la Cámara baja.

Sabe Dios cómo sacó este hombre el título de abogado, porque el presidente del Gobierno no anda descaminado del todo, ya que 12 de los 20 vocales pueden ser sustituidos cambiando la ley orgánica del poder judicial, para lo que haría falta una mayoría absoluta del Congreso, del que ya dispondría el Gobierno, y no los 3/5 que exige la Constitución solo para el resto de vocales entre abogados y juristas de reconocido prestigio con 15 años de ejercicio, además el Gobierno está pensando en modificar la ley orgánica del Poder Judicial para acotar la capacidad del CGPJ cuando está en funciones, sobre todo, en el tema de nombramientos, necesitando para ello una mayoría absoluta del Congreso que también lo tendría conseguido.

Este es un ejemplo, un poco farragoso, de los dislates a los que nos tiene acostumbrados este señor, como de su inquina hacia el Gobierno de coalición, cuando ha organizado una reunión en septiembre con los embajadores de la Unión Europea, con el propósito de desacreditar su imagen y cuestionar los fondos adjudicados por Europa a un Gobierno que no se lo merece. Si esto no es alta traición, lo del Proces no llegaría ni a desobediencia.

La falsedad es la seña de identidad del PP, en la que se inició con Aznar y la autoría del 11-M, y prosiguió sin solución de continuidad, hasta nuestros días, cuando el hombre de las Azores nos anuncia que el Gobierno trata de presentar a Madrid como una ciudad apestada, con el objeto de debilitarla, cuando se trata de evitarlo con las nuevas restricciones, todavía insuficientes para la intensidad del contagio, como está ocurriendo ya en París, New York y otras capitales. Es su obsesión con desbancar al gobierno lo que les hace perder el juicio.

Y quieren que lo pierda también el TSJM con la presentación del recurso contra la nuevas restricciones, y acaba de conocerse la sentencia que convierte Madrid en un bucle para devolver el conflicto al principio de la secuencia, debiendo dirimir los contendientes las medidas a adoptar nuevamente, salvando las formas, mediante el estado de alarma si se quiere confinar Madrid. El recurso no ha servido más que para atrasar la adopción de unas medidas cuya urgencia reclaman todos los expertos. Una victoria para el PP que más parece una derrota.

Los socialistas tampoco están para venirse muy arriba, por llegar tarde a la declaración del estado de alarma, como a las nuevas restricciones, y apresurarse a la desescalada presionado por el PP, como hacer caso omiso de la transparencia a la hora de explicar el no viaje del Rey a Barcelona, como a la hora de la inusitada violencia policial con la protesta ante la restricciones en Vallecas, denunciada por Estrasburgo, que contrasta con la condescendencia hacia los del barrio de Salamanca.

Y qué decir de Podemos y el señor Iglesias, a quien deseo que desaparezca el acoso permanente al que le tienen sometido, como a toda su familia, los fascistas de la sierra madrileña, y de quien también debo decir que asuma de una vez su papel subalterno en el gobierno de coalición, y arrincone su ego que tanto le traiciona en su excesiva exposición en asuntos que no le conciernen como ministro, y se dedique a dar cuenta de su Ministerio tomando ejemplo de sus compañeros de partido, Yolanda Díaz o Eduardo Santos, que dan buena cuenta de su quehacer como miembros de sus respectivos gobiernos, no metiéndose en otros jardines, o si no, que hubiera renunciado a formar parte del Gobierno, para decir lo que le viniera en gana como activista de Podemos, pues lo contrario, será debilitar al gobierno y darle munición a Casado.

El señor Casado se encuentra tan desorientado que admite públicamente su intención de

seguir bloqueando la renovación

del CGPJ

La falsedad es la seña de identidad del PP, en la que se inició con Aznar y la autoría del 11-M, y prosiguió sin solución de continuidad hasta nuestros días