No cabe el nombre de Premín en el callejero de Iruña

29.10.2020 | 00:51

No solo por sus apellidos y por pertenecer a una familia de rancio abolengo carlista de Navarra; no se puede admitir porque la persona que se esconde bajo el seudónimo Premín de Iruña fue un activo protagonista del golpe de Estado de 1936 y de la represión posterior llevada a cabo en Navarra.

En unos casos al finalizar la dictadura, y en otros, tardíamente, el obligado cumplimiento de la legislación vigente y, en el caso de Navarra, de la Ley Foral de Memoria Histórica 33/2013, ha hecho desaparecer nombres de calles dedicadas a militares de la dictadura y a otros personajes significativos del franquismo, así como la retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la dictadura. Un ejemplo: los últimos nombres de calles que exaltaban el régimen franquista y humillaban a los vencidos fueron eliminados en Tudela en la legislatura municipal anterior en medio de una resistencia y actitud antidemocrática de UPN y PP, incapaces de condenar abiertamente al franquismo y de reconocer y reparar la memoria de sus víctimas. Tras un proceso participativo, se cambiaron 49 nombres del barrio de Lourdes.

En Iruña-Pamplona, Premín de Iruña da nombre a un paseo en el barrio de Mendebaldea. Construido a finales de los años 80, los nombres de sus calles están dedicadas a escritores navarros o muy vinculados a nuestra tierra. Aquí se mete como de tapadillo este seudónimo de Ignacio Baleztena (utilizaba también otros) ligado a su faceta literaria.

De este hombre y de su familia, habitantes de esa casa palacio del paseo Sarasate de Pamplona que conocemos, se saben muchas historias, hay mucha biografía, y los sectores más tradicionalistas de la sociedad navarra se han encargado de ensalzar sus méritos y virtudes.

De Ignacio Baleztena Ascárate se conocen muchas de sus facetas. Dinámico y emprendedor, perejil de todas las salsas. Entre otras iniciativas, fue fundador de la peña Muthiko Alaiak, de Euskararen Adiskideak, de la fiesta del Rey de la Faba, de la Cabalgata de Reyes de Pamplona o del grupo municipal de danzas de Pamplona. Miembro de la peña Pregón, de la Cofradía del Gallico de San Cernin, de la Sociedad de Estudios Vascos. Promovió el Riau-Riau y hasta le puso letra al Oriamendi, Por Dios, por la patria y el rey. Le definen como jatorra, socarrón, cuentista.

Para julio de 1936, Ignacio había ido organizando el requeté en las provincias vascas y Navarra, conspirando contra la República y ofreció 8.400 requetés a Emilio Mola para la sublevación, partiendo con varios de sus hijos como voluntario hacia Zaragoza tras el 18 de julio. No era un requeté cualquiera, un simple combatiente veinteañero que por razones ideológicas o por otras marchó para el frente. Era un promotor e instigador del golpe. Su hermano Joaquín era jefe de la Junta Regional Carlista de Navarra, y desde el cuartel de Escolapios ejecutaba la limpieza política en Navarra con los métodos tristemente conocidos.

En el interés de las distintas corrientes del carlismo por blanquear su papel durante la dictadura, se dice que tras la guerra se distanció de la política cuando los motivos fueron otros, el desacuerdo con el Decreto de Unificación con Falange de 1937 que causaba la disolución de la Comunión Tradicionalista y la creación del Partido Único. También la no aceptación de la cuestión dinástica que planteaba Franco. Es decir, del Dios, Patria y Rey, desaparecía su Rey.

Se presenta como víctima del franquismo, pero vivió del régimen. Fue oficial del Archivo General de Navarra, secretario del Comité Provincial de Turismo y director del Museo de Navarra. Participó en la formación de la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz (una organización que manifiesta que su objetivo fundamental es mantener el espíritu de la Cruzada de 1936, incluso con agresividad castrense), promotora de las javieradas y de las misas por Franco y los caídos todos los 19 de cada mes en la cripta del monumento a los Caídos de Pamplona.

Premín de Iruña es Ignacio Baleztena. Sin rencor, por justicia, en cumplimiento de la ley, que se borre su nombre de nuestras calles.

La autora es presidenta de la Asociación de Familiares de Fusilados de Navarra en 1936