De pensiones, peajes, impuestos y desigualdad

14.04.2021 | 00:23
De pensiones, peajes, impuestos y desigualdad

La disminución de la reducción por aportaciones a planes de pensiones, el anuncio de la creación de una empresa pública para gestionar los peajes que se van a cobrar a los vehículos pesados por transitar por las autovías navarras y la lectura del libro El triunfo de la injusticia, de Emmanuel Saez y Gabriel Zucman, profesores de la Universidad de California, Berkeley, me sugieren una serie de reflexiones sobre estos temas fiscales.

Es importante resaltar la importancia que en los temas fiscales tienen la ideología, las creencias dominantes o cómo se vende el producto. Cuando nos dejamos llevar por esos factores y no profundizamos corremos el riesgo de efectuar un mal diagnóstico que nos llevará a una mala solución.

La eliminación de la reducción por aportaciones a planes de pensiones constituye, en mi opinión, un ejemplo en el que se ha vendido el producto sin presentar unos datos completos. No puede discutirse que la reducción de la aportación de la base imponible beneficia a las rentas altas. Pero, ¿alguien puede creerse que los ricos, los que ganan más de 250.000 euros, hacen un plan de pensiones por la reducción fiscal? Indudablemente, los que pueden resultar beneficiados son las clases medias, ya que cobrando el salario mínimo es imposible ahorrar; pero nos hemos olvidado que cuando recuperan el plan pagan los impuestos, incrementando su base imponible. Realmente lo que se produce es un aplazamiento en el pago del impuesto. Por supuesto que depende de las cantidades, los años de aportaciones al plan de pensiones y de los rendimientos que se obtengan, pero, en los casos que he podido analizar, los resultados obtenidos son que los ahorros originados por las aportaciones son similares a los incrementos de cuota que se originan al rescatar los planes. Sería interesante disponer de los datos exactos que permitieran a la sociedad valorar las ventajas e inconvenientes de esta reducción, ya casi eliminada.

No hay dinero para mantener las carreteras no constituye un diagnóstico adecuado de la situación presupuestaria. Sin embargo, es una idea que está calando en la sociedad a fuerza de repetirla.

Lo que se produce es una insuficiencia de los ingresos de la Administración (los impuestos) para satisfacer todas las demandas sociales y ciudadanas y esto se origina, básicamente, por el descenso de los ingresos tributarios. Es la prioridad que se establece al aprobar los presupuestos la que decide la utilización de los recursos escasos y, en los últimos años, es evidente que las carreteras no han sido prioritarias.

Aunque no se han publicado datos concretos, me resulta extraño que una empresa, aunque sea cien por cien pública, gestione unos ingresos públicos originados por unos bienes de dominio público, las carreteras, y posteriormente dedique esos ingresos a mejorar unos bienes de los que no es propietaria. Me parece que se fuerza el sentido común y jurídicamente hay aspectos de difícil encaje. Me recuerda, salvando las distancias, a la operación que hace años se realizó con la empresa pública SPRIN y el denominado plan de aceleración de los ejes estratégicos de comunicaciones de Navarra.

El descenso de los ingresos está originado por una política fiscal en la que, entre otros aspectos destacables, podemos citar los siguientes:

? Las rentas de las personas no tributan de igual manera ya que los rendimientos de capital lo hacen a tipos fijos.

? Se ha establecido una competencia fiscal entre países que favorece el descenso del tipo de gravamen del Impuesto sobre Sociedades con el pretexto de la deslocalización de los beneficios.

? La frase de Reagan en su discurso de investidura: "El Gobierno no es la solución, es el problema" planea por todo el mundo y hay una tendencia generalizada al descenso de los impuestos.

Estos aspectos se completan, según los autores citados, con la existencia de 250.000 profesionales que trabajan en la fijación de los precios de transferencia, una de las principales formas de las sociedades para trasladar sus beneficios a los países con menores tipos y reducir notablemente los impuestos que pagan.

Pero las políticas fiscales no siempre han sido así. En el libro citado se presentan algunos datos que seguramente sorprenderán al lector. Así, se señala que las tasas marginales en USA pasaron del siete al 67 por ciento entre 1913 y 1917, alcanzando el 81 por ciento en 1940 cuando el presidente Roosevelt añadió como nuevo objetivo fiscal "que nadie ganase más de una cierta cantidad de dinero" (página 59). El mismo presidente, en un mensaje al Congreso, dice que "las confiscatorias tasas marginales se diseñaron para reducir la desigualdad, no para obtener ingresos" (página 61).

Sorprende que un país tan alejado de los sistemas socialistas haya aplicado tipos tributarios cuasiconfiscatorios y que hoy parecen imposibles.

Pero lo cierto es que, con la rebaja de los tipos y la competencia fiscal entre los estados, la desigualdad crece en el mundo. El libro ofrece soluciones aparentemente fáciles para contrarrestar esta tendencia.

La última propuesta del presidente Biden sobre un tipo mínimo del Impuesto sobre Sociedades se asemeja a las del libro citado.

Navarra constituye una gota en la ola de la política fiscal y no es fácil que, a pesar de sus competencias fiscales, pueda establecer un sistema muy diferente del general. Pero lo que es seguro es que el incremento de los impuestos indirectos, fáciles de recaudar, no constituyen la mejor carta de presentación de un gobierno que se autotitula como progresista. Sería conveniente, y más con la situación económica que nos va a dejar la pandemia, iniciar un debate sosegado y con datos sobre la política fiscal más adecuada para que las nuevas generaciones tengan un futuro que no sea peor que el que hemos disfrutado los que ya peinamos canas.

El autor es economista

Es importante resaltar la importancia que en los temas fiscales tienen la ideología, las creencias dominantes o cómo se 'vende' el producto

El incremento de los impuestos indirectos no constituye la mejor carta de presentación de un gobierno que se autotitula como progresista

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