Seguridad, confianza, expectativas

10.09.2021 | 00:40
Seguridad, confianza, expectativas

la educación no solo es un derecho humano fundamental, sino que es un derecho habilitante con repercusiones directas en el ejercicio de todos los demás derechos humanos. Es un bien común global y un impulsor destacado para avanzar en su condición de piedra angular de sociedades pacíficas justas, igualitarias e inclusivas. Cuando se derrumban los sistemas educativos no se pueden mantener sociedades prósperas y productivas ni la paz.

El curso escolar transcurrió y finalizó con ejemplaridad gracias a educadores, alumnado, familias, personal no docente y cómo no decirlo, al buen trabajo del Departamento de Educación que apostó y organizó una educación presencial que parecía una quimera en el septiembre pasado. El Plan de Contingencia, las adaptaciones de los centros, el trabajo continuo de éstos, la revisión constante a través del Comité Covid de la Educación, que hizo participar e implicar a toda la comunidad educativa, fueron clave en el devenir del curso. Han sido casi dos años llenos de trabajo, de grandes avances educativos, y a la vez de cierta incertidumbre, de adaptación a nuevas realidades, distancias, mascarillas y calendarios que no siempre permitían la mejor metodología educativa, pero garantizaron la seguridad, la presencialidad en el aula, la equidad que ésta daba, y por lo tanto la progresiva tranquilidad de profesorado, familias, alumnado... Las aulas han sido espacios seguros. Las metas marcadas en septiembre se cumplieron y para satisfacción de muchos se superaron inclusive. Para este nuevo año académico, se espera más sosiego y menos incertidumbre, por la confianza que ya despierta el Departamento por el trabajo realizado anteriormente, el conocimiento de normativas y situaciones sanitarias por el profesorado, familias, alumnado, personal no docente, y al avance de la campaña de vacunación, que debe aumentar la confianza en el desarrollo de un próximo curso más seguro.

En el Consejo Escolar de Navarra, con un consenso elogiable, se aprobó dictamen sobre el Decreto de que regula la Admisión del Alumnado en los Centros Públicos y Concertados de la Comunidad Foral, un paso importantísimo y decisivo, que provocará futuramente una adecuada y equilibrada distribución entre los centros escolares del alumnado con necesidad específica de apoyo educativo. La pandemia está representando un gran obstáculo, y a la vez, un desafío, pero no ha detenido el trabajo, ni los propósitos marcados al inicio de la legislatura. Estos dos cursos, complicadísimos, demuestran que no hay excusas ante los problemas, siempre se puede si se sabe lo que se quiere y se hace bien. Espero sirvan como base futura.

Es destacable del protocolo que van a seguir colegios e institutos para el curso escolar 2021-2022, con medidas similares a las del año pasado, salvo las referidas al almuerzo y los juegos en el patio y en la asignatura de Educación Física. Además, se detalla que el sistema de ventilación de las aulas que deben seguir los centros educativos y cada uno dispondrá de un medidor de CO2. Desde el primer día presencial, colegios e institutos tendrán horario continuo, con una organización educativa más cercana a la nueva normalidad, y para ello se incorpora la oferta de actividades extraescolares en todos los centros de Educación Infantil y Primaria de las redes pública y concertada de Navarra. En la ventana posterior a Navidad se podría autorizar que cada centro vuelva a su jornada anterior a la llegada de la covid-19, según la situación epidemiológica. Pensar en un septiembre inicial tal como se acabó en junio pasado no es descabellado, sino trabajar sobre seguro. Es algo que ha funcionado, y si la situación sanitaria lo permite se podrán restaurar paulatinamente horarios, jornadas y metodologías. La seguridad, la presencialidad deben primar. Incorporar actividades extraescolares permite conciliar a las familias, pero sin la obligatoriedad que implica la jornada partida y por lo tanto el uso del comedor se convierte en un instrumento más flexible y también dedicado a ese fin. Es posible que alguien ponga el foco en la jornada, pero la fortaleza reside en la prolongación de las medidas más impactantes que refuerzan nuestro sistema educativo: el mantenimiento de las ratios en infantil, y del refuerzo covid de profesorado, y que no son una quimera, ya que en el resto de comunidades se obvian. Navarra es la comunidad que mejor proporción alumnado-profesorado tiene (por debajo de un profesor por cada diez alumnos) ligada a programas de inclusión, de docencia compartida, a medidas de refuerzo y apoyo por generación de desdobles y a acompañamientos a los procesos de enseñanza aprendizaje.

Convendría reflexionar sobre la normativa actual que regula la jornada continua. Las deficiencias que arrastra provocan malestar en las familias. En esta ponderación, tal como se ha trabajado en estos dos años, contar con su colaboración, cohesionará enormemente el sistema educativo.

El diseño y desarrollo de una estructura curricular y organizativa para la enseñanza aprendizaje de las lenguas extranjeras es otra tarea pendiente desde el 2015. Hay que normalizar los aspectos generales para el desarrollo de los diferentes programas (PAI, PAL, PAF...): las plantillas, la organización de los centros, requisitos de acceso y provisión de plazas del profesorado.

La educación es una utopía necesaria, es compromiso, es ilusión, es equidad, entusiasmo, entrega, dedicación, es respeto a la diversidad del otro compañero o compañera. No hay que soslayar los beneficios derivados de la tolerancia entre el alumnado, del trabajo en equipo y, del fomento de la inteligencia emocional. Las XXV Jornadas sobre "Apoyo Conductual Positivo y Centros de Educación Especial" fueron un ejemplo de lo descrito anteriormente. Gran trabajo de los centros de Educación Especial y éxito participativo. El CEN contó con la inestimable colaboración del Departamento de Educación y del Parlamento de Navarra.

Los difíciles momentos vividos también deben servir para reflexionar sobre nuestro modelo educativo. En estas fechas del curso pasado hice hincapié sobre la necesidad de afrontar un profundo análisis sobre el cambio de relato organizativo y pedagógico con el que construir el futuro. El carácter de un primer razonamiento, al que –sin duda– deben de seguir muchos otros, encuadra la reflexión en torno a tres ejes básicos de los procesos de enseñanza-aprendizaje: qué enseñamos o qué deberíamos enseñar, cómo lo enseñamos, y lo que nos parece más importante, si cabe, para qué debemos enseñar o cuál debería ser el objetivo preciso de nuestra educación. Se debe apostar por transitar de un modelo centrado en los resultados, en la acumulación de contenidos y en la memorización de cara a una evaluación estrictamente académica, hacia otro donde el centro se sitúe en el aprendizaje competencial de los estudiantes, en la adquisición de habilidades y capacitación de recursos, sociales y personales, que nos permitan afrontar las adversidades de la vida.

Es necesario aprovechar el momento para encontrar nuevas formas de afrontar la crisis en materia de aprendizaje y aportar un conjunto de soluciones que antes se consideraban difíciles o imposibles de poner en práctica. Las siguientes acciones pueden ser puntos de partida a la vanguardia de nuestros esfuerzos: centrarse en responder a las pérdidas en materia de aprendizaje y prevenir el abandono escolar, en particular en el caso de grupos marginados; proporcionar competencias para programas de empleabilidad; apoyar a la profesión docente y la preparación del profesorado; ampliar la definición del derecho a la educación para incluir la conectividad; eliminar obstáculos a la conectividad; reforzar los datos y el seguimiento del aprendizaje; y fortalecer la articulación y la flexibilidad entre niveles y tipos de educación y formación ya que es probable que las repercusiones económicas en los hogares aumenten las desigualdades en el rendimiento escolar.

Por lo cual es clave aumentar y proteger la financiación de la educación y coordinarse para obtener resultados, a través de acciones como fortalecer la movilización de recursos internos, preservar sino aumentar paulatinamente la proporción del gasto destinado a la educación como prioridad fundamental y abordar las ineficiencias que se puedan detectar en el gasto.

Crear un sistema resiliente de educación para lograr un desarrollo equitativo y sostenible debe ser otro propósito a medio plazo. Hacer hincapié en la equidad y la inclusión; reforzar las capacidades para gestionar el riesgo en todos los niveles del sistema; asegurar una coordinación y un liderazgo robustos; e impulsar mecanismos de consulta y comunicación son acciones que lo potenciaran.

Me gustaría terminar tal como empecé recordando que la educación tiene un papel esencial en nuestra sociedad. No solo es el lugar donde las personas se forman, contribuyendo a un tejido social más formado que será motor económico de presentes y futuras generaciones. Más allá de eso es un lugar protagonista en la corrección de las desigualdades sociales que genera el mercado y la renta de sus familias, así como, contribuye a formar personas en valores como la igualdad, la convivencia o la justicia, clave para una sociedad cohesionada. Por tanto, su papel excede de su misión formativa y aporta valores a una sociedad justa y democrática que convive en condiciones de igualdad y justicia.

El autor es presidente del Consejo Escolar de Navarra / Nafarroako Eskola Kontseilua

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