En los últimos días estamos viendo y participando en un movimiento ciudadano en defensa de las zonas verdes y contra la tala de los árboles de la plaza de la Cruz y calle Sangüesa. Más allá de las implicaciones económicas, de las molestias para vecinos y comerciantes y del debate político que esa obra puede suscitar, la Junta Directiva de la Asociación Navarra de Pediatría quiere hacer un pronunciamiento en defensa de esta zona verde en concreto, y de todas las zonas verdes urbanas actuales y futuras de nuestras ciudades.

Las zonas verdes urbanas ofrecen grandes oportunidades para la salud comunitaria, el cambio positivo y el desarrollo sostenible de nuestras ciudades, además de favorecer una movilidad segura y contacto con la naturaleza a sus ciudadanos.

Los parques y espacios verdes forman parte de las soluciones de mitigación al cambio climático y ayudan a conseguir algunos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, como la sostenibilidad, la salud pública y la conservación de la naturaleza, además de aportar salud a los ciudadanos/as.

La literatura científica describe cómo el contacto con la naturaleza afecta positivamente a la salud y el bienestar humanos, y cada vez hay más estudios epidemiológicos que demuestran los efectos positivos que conllevan los espacios verdes urbanos, como la mejoría en salud mental (menos depresión), mejor evolución de los embarazos, reducción de las tasas de morbilidad y mortalidad cardiovascular, obesidad y diabetes.

Aumentar el número y la calidad de los espacios verdes puede mitigar contaminantes climáticos que contribuyen al calentamiento global y producen más de 7 millones de muertes prematuras al año relacionadas con la contaminación atmosférica. Los árboles urbanos, las fuentes, estanques, lagos y jardines en las zonas urbanas también moderan los extremos de temperatura y reducen el efecto de isla térmica, lo que ahorra energía y mejora la calidad del clima en las ciudades. La contaminación atmosférica contribuye al aumentar las temperaturas y los episodios de olas de calor, que conllevan mayores tasas de mortalidad por infarto de miocardio o derrame cerebral a causa de la fatiga térmica, en particular en personas con enfermedades no transmisibles preexistentes. Por cada árbol plantado estratégicamente para proporcionar sombra, podrían reducirse directamente alrededor de 10 kg. de emisiones de carbono de las centrales eléctricas al reducir la demanda de aire acondicionado. Solo en Europa se producen 400.000 muertes prematuras por año a causa de la contaminación atmosférica, lo que conlleva un costo de entre 330.000 millones y 940.000 millones de euros.

Además de los beneficios evidentes de la mitigación del cambio climático y la reducción de la contaminación atmosférica, los parques, espacios verdes y cursos de agua ayudan a reducir la exposición a un factor de riesgo muy importante vinculado a las enfermedades no transmisibles, la inactividad física.

En cuanto a la infancia, está demostrado que la existencia de espacios verdes accesibles y seguros aumenta el ejercicio físico y la socialización, disminuye el sedentarismo, el aislamiento y el tiempo de uso de pantallas y mejora el ánimo y la salud física y mental de nuestros niños y niñas.

Por tanto, creemos que las inversiones en parques urbanos, árboles y espacios verdes accesibles a la sociedad son un modo eficaz y económico de promover la salud global y mitigar el cambio climático. Animamos a nuestros políticos a gestionar los recursos en esta línea y a pensar en la salud de nuestra sociedad y de la infancia a la hora de desarrollar planes urbanísticos.

Por ello, instamos al Gobierno de Navarra y a los distintos ayuntamientos de nuestra comunidad foral a que se adhieran y apoyen la proposición no de ley (PNL) para la Conversión de los entornos escolares en áreas más saludables para la infancia promovida por el Comité de Salud Medioambiental Pediátrica de la Asociación Española de Pediatría junto a otras entidades: https://www.aeped.es/comite-salud-medioambiental/documentos/creando-entornos-escolares-mas-saludables-infancia-y-adolescencia.

*La autora es vicepresidenta de la Junta Directiva de la Asociación Navarra de Pediatría