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Colaboración

Nos falta abrir los ojos

Nos falta abrir los ojosZigor Alkorta

Que las personas consumidoras entiendan que entre comer los productos de aquí y comer los productos traídos de fuera hay una diferencia importante. Los productos de nuestra tierra están sometidos a unos rigurosos controles de calidad y de sanidad, mientras que los productos que vienen de fuera, en general, y muy especialmente los procedentes de Marruecos, no solamente no han pasado por esos controles sino que han sido tratados con productos que aquí están expresamente prohibidos por cancerígenos.

Detrás de la importación de productos de determinados países se esconde una explotación laboral sin escrúpulos y se esconde el enriquecimiento de grandes multinacionales precisamente a costa de la explotación de personas y de la sobreexplotación de recursos en los países de origen. En función de lo que el consumidor meta en su carro de la compra estará favoreciendo una explotación laboral que, éticamente, no tendría cabida en ningún país comprometido con los derechos humanos más elementales, las constituciones democráticas y con la agenda 2030.

Queremos que los recolectores, distribuidores y el personal de los puntos de venta entiendan que todos, sin excepción, deben de cobrar dignamente por su trabajo. Quienes componen esta cadena son los encargados, con la responsabilidad que ello implica, de llevar los alimentos desde su lugar de origen hasta el consumidor, siempre con las garantías de calidad y salubridad que el ser humano merece como consumidor final. Estamos hablando de comida, de alimentación, de nutrición y de salud. ¡Con esto no se juega!.

Queremos también humanizar la industria alimentaria, que entiendan y prioricen que lo importante es comer bien, comer sano y, de paso, disfrutar en este proceso. Algo está pasando cuando las personas consumidoras añoran el sabor de aquellos tomates de su huerta, o cuando, aplicando la lógica, entienden que las proteínas vegetales y las proteínas animales tienen una repercusión diferente en el organismo del ser humano. ¡Vale ya de intentar meternos con embudo los filetes vegetales! Y los gusanos!.

Que las personas consumidoras sepan que el sector ganadero está en grave riesgo a causa de las políticas “verdes” que nos imponen los ecologistas, que son, exactamente, las mismas políticas y los mismos ecologistas que miran para otro lado cuando se firma el acuerdo de importar carne de países en los que el “bienestar animal” se lo pasan por el arco del triunfo.

Aquí ponen todo tipo de trabas mientras a determinados países y a determinadas multinacionales les abren nuestras puertas; toda una forma subliminal de proclamar que los intereses de las políticas “verdes” están a años luz de los intereses medioambientales.

Detrás del “animalismo” hay mucho bolsillo agradecido y enriquecido.

Que los sindicatos y los diferentes organismos técnicos públicos o semipúblicos entiendan que, si se sienten obreros, a quienes deben defender es a las personas agricultoras y ganaderas, a las personas que trabajan, defenderlas de los abusos y de la presión del capitalismo deshumanizador. Aceptar vivir de las ayudas y subvenciones del estado les transforma en “pesebristas”, les imposibilita para soltar la teta de la que maman y, en consecuencia, les hace desatender las funciones y los intereses que originaron su nacimiento y que hoy, aparentemente, justifican su existencia.

No hay que olvidar, para que nadie lo esgrima como argumento, que las subvenciones que llegan a darse al mundo agro-ganadero emanan de los impuestos que llenan las arcas públicas, un dinero que es de todas las personas y para el bien de todas las personas.

Que la clase política entienda que ellos están para servir y no para servirse de la política. Están para escuchar por individual a los diversos agentes y para buscar el consenso entre ellos y con ellos. Están para proteger el bien común de la ciudadanía. Si hoy tuvieran un mínimo de dignidad y se mirasen al espejo… se les caería la cara de vergüenza. Jugar al “tú más” es reírse de todas aquellas personas que les votaron y les eligieron con otras expectativas que pasan por valores como “servicio”, “dignidad”, “ayuda”, “respeto”.

El mundo rural agoniza por vuestra inacción, por vuestro servilismo a intereses ajenos al bien común y por vuestra falta de humanidad.

Que las personas consumidoras entiendan que nuestras acciones son en defensa de la agricultura, de la ganadería y de la ciudadanía. Que no es exclusivamente un problema agro-ganadero; que el ciudadano deje de ser espectador y entienda que nuestra causa le interesa y le afecta tanto a él como a las personas agricultoras y ganaderas.

Sabemos que en la medida que les saquemos los colores, que en la medida que les incomodemos en su cómoda trayectoria de enriquecimiento a costa del “borreguismo”, que en la medida que denunciemos los intereses que se esconden detrás de sus acuerdos con Mercosur, de sus reformas de la PAC, de sus “agendas”, de sus políticas “verdes”… en la medida que nos mantengamos unidos y fuertes: van a tratar de distraer a su electorado acusándonos de “agrofachas”, de ultras, de tener unos tractores de lujo, de que colapsamos y entorpecemos las carreteras, de que…

Cuando oigamos todo esto significará que ellos no tienen argumentos mejores, y que nosotras y nosotros vamos por el buen camino.

El autor es presidente de Semilla y Belarra (Unaspi)