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El listón de la responsabilidad a ras de suelo

El listón de la responsabilidad a ras de sueloJavier Lizón / EFE

El caos está en todas partes cuando la responsabilidad no está en ninguna.

(Gustave Le Bon)

Los casos de corrupción, como la pólvora, se queman en una traca de salvas y de estallidos, pero la democracia, pese a la gravedad de estos hechos, mantiene su fortaleza, siendo un fruto de larga maduración que alberga un lento y sabio proceso de absorciones, con un sentir y obrar demorado, experimentado y meditativo. El gobierno de nuestra democracia, con el listón de la responsabilidad a ras de suelo, mantiene un encarnizado duelo con la oposición. Ambos partidos padecen de anemia perniciosa, mientras la ultraderecha se va vigorizando por momentos. En la gobernanza de nuestro país, la ausencia de ética es una ausencia de luz que hace resucitar fantasmas. Es difícil hacer la crónica de esta legislatura, y no por falta de tema, claro está, sino por la abundancia de tema. Se puede empezar por cualquier parte y acabar también por cualquier parte, en la seguridad de que, pese a haber dicho algo, es más lo que dejamos de decir y denunciar, sabiendo a priori que la opinión del pueblo está sepultada por un gobierno narcisista y monologante. Que a España le renta este gobierno es una afirmación unilateral de Pedro Sánchez, cuya sordera le impide escuchar las múltiples opiniones que, al respecto, se han generado en la sociedad. Adiós a la fe y la esperanza del socialismo, adiós a ministros que se rilan y tienen ya condición de ceniza en este gobierno que se mueve alrededor de un oportunismo que secuestra verdades como puños, mientras los viejos socialistas, decepcionados y afligidos, rezan a Pablo Iglesias su oración de rabia y desesperanza. El mayor e imperdonable daño ha sido el haber generado en la juventud un sarcástico despecho, privado de mansedumbre, que fluye y desemboca en el peligroso espejismo de una ultraderecha que sigue entonando la ronca canción de un triste pasado, cantando al oído de todos los descreídos de la democracia, entonando el son vibrante de notas dictatoriales, como sirenas embaucadoras amantes de desorientados y decepcionados. Vuelve a posarse en la sociedad, tan desmemoriada, un resto averiado del viejo romanticismo europeo, ceñido a la incultura y a la carencia de reflexión humanista, tan propia de la vida de náufragos que se extiende por Europa como una gris penumbra. Un nuevo existencialismo, atroz y sin musa, está cegando a una parte de la sociedad, voluntariamente exiliada del pensamiento crítico. Pedro Sánchez, perseguidor de futuros a cualquier precio, chapotea sobre su ocaso, sin enfrentarse dignamente a la verdad de la descomposición de su gobierno, al que un estallido múltiple le sumerge en la dispersión, haciendo cuestionar al ciudadano qué es lo que realmente representa este socialismo, contaminado y despoblado de ética, para el futuro del país. El enemigo de la izquierda no está en la paleoderecha nacional, sino en el lastre dañino de una larga letanía de personajes que han echado su moneda en el parking de la corrupción. La política española es rumor y suspense continuo; ambos constituyen el perfume de las noticias. Se disipa la sensual alegoría de los profetas del bienestar socialista ante la realidad calenturienta de tanto desatino. Es preciso que la moral nazca desde muy adentro y en disposición creadora. La política y su forma de permanencia no se sustentan desde los discursos huecos y distantes de la realidad social. La armadura ideológica de un partido no se puede sostener atada con seda catalana ni con ministros corruptos. Buscamos una salida a un mundo nuevo de vida y conocimiento, donde la razón siga siendo la última y más valiosa raíz del universo, frente al abismo de la mediocridad que nos rodea. Un gobierno no puede ni debe entregarse a salvar las apariencias; este modo de actuar tan solo logra la irreconciliable enemistad del pueblo, que siente la mordedura de la desilusión y la desconfianza. En la sinceridad y la honradez está la cuestión verdadera de una política de prometedor futuro. Un nublado wagneriano, con renegadas arias, cruza por los cielos de la Moncloa. Ya tenemos hoguera para que las derechas, mientras queman partituras de la oposición, comiencen a calentarse las manos. Nuestro presidente, arrojado cada día a la orilla heterogénea de la actualidad, constata los movimientos sísmicos que amenazan a su gobierno, anticipando el final político y funerario de su pontificado, tan empurpurado de complacientes monólogos. Los coros y danzas de este socialismo están preparando sus urnas sin abertura para el voto. Se agitan las ruidosas puertas de los partidos, exponiendo a la democracia a dejar tras de sí el núcleo central de entusiasmo y honradez que precisa. El PSOE actual es un bebedero de patos, y el pueblo, como el poeta, compone su canción desesperada de justicia, progreso, socialización y libertad. Canción que, en el Madrid caliente de ministros trileros, no conmueve ninguna fibra de la nervadura política, y suena como una fuerte alegoría de un socialismo ignaro, ante una extrema derecha que susurra el “Cara al Sol” y piensa que, para su partido, “volverá a reír la primavera”. El gobierno de Pedro Sánchez, para desgracia del país, es lo que estaban precisando la derecha y la ultraderecha. Los ciudadanos han de aunarse en la razón, liberándonos de ser Prometeos encadenados o Sísifos que suben y bajan siempre una pesada carga. La razón es nuestra única esperanza; lo contrario a la razón siempre conlleva retroceso y destrucción de libertades. Los socialistas no se entienden entre ellos. La fuerte corriente del río de la corrupción les atraviesa de costadillo, y las ideologías quedan varadas en otro tiempo en el que la política estuvo ungida de luz y de verdad. Ya no hay izquierda en el mundo ni socialismo en España. Ya no se lleva el político lento y pensante. Así nos va. Avanza el bosque oscuro de la política, como el bosque de Shakespeare, trayendo una amenaza para la democracia limpia y luminosa. Frenar este avance es misión de todos. La moral del mundo, como en una triste melodía, suena desafinada, rebajada y envilecida. En la historia de este planeta vemos que se navega siempre destruyendo la armonía, para nuevamente volver a luchar por la unidad. Hay por el mundo confusas mudanzas, lentas emigraciones sin voz, grupos movientes del luto para los que el nuevo día no encuentra donde amanecer. La sociedad del confort cierra los ojos ante los fracasados, atravesados en la humanidad, eternamente inadaptados y en éxodo, padeciendo tragedias concatenadas e insoportables. El tiempo, cotidiano y metafísico, pasa por nuestras vidas mostrándonos los sentimientos que no sabemos sentir con la necesaria fuerza de la implicación comunitaria. Seguimos con la errante inarmonía de una humanidad sin vocación coral.