En Fitur todo suena mejor: “Tierras de Iranzu. Agua dulce. Tierra que abraza”. Un lema acogedor que presenta al embalse de Alloz como eje de un turismo activo, sostenible y experiencial, con aguas cristalinas y un entorno cuidado. Sin embargo, la realidad en el Valle de Guesálaz y, en particular, en la bahía de Lerate dista mucho de esa imagen promocional.
El Gobierno de Navarra ha declarado oficialmente dos zonas de baño en el entorno del embalse: la bahía de Lerate y otra zona próxima reconocida como espacio independiente. Conviene aclarar que esta declaración se limita exclusivamente a la evaluación de la calidad del agua, sin tener en cuenta otros aspectos como la seguridad de las personas, el mantenimiento del entorno, la ordenación de usos o la prevención de riesgos.
Pese a esta limitación expresa, ambas zonas están siendo utilizadas y promovidas sin una gestión adecuada previa, y sin tener en cuenta estos otros aspectos, generando situaciones de riesgo evidentes.
En el caso de la bahía de Lerate, el Ayuntamiento destina fondos públicos a su promoción turística subvencionando campañas gestionadas por Tierras de Iranzu, en las que se presenta el enclave como un espacio de aguas cristalinas y condiciones óptimas para el baño. Sin embargo, la realidad del entorno contradice gravemente esa imagen: orillas en estado de abandono, con ramas, troncos y árboles acumulados, mobiliario urbano estropeado, zonas embarradas y degradadas de difícil acceso, basuras, episodios recurrentes de aguas turbias durante la temporada y una convivencia desordenada de actividades recreativas, sin control ni señalización adecuada.
La situación de la segunda zona de baño resulta aún mas preocupante. El espacio se encuentra ocupado de facto por la practica del windsurf, sin delimitaciones claras, sin limitaciones horarias y sin separación de usos. Esta situación supone un peligro directo para los bañistas, que comparten el mismo espacio con tablas, mástiles y velas impulsadas por el viento con más o menos control del piloto.
Ante esta situación, surgen preguntas que siguen sin respuesta: ¿quién es el responsable del mantenimiento, la seguridad y la ordenación de usos en cada una de las zonas de baño? ¿Quién responde por la promoción de espacios que no cumplen condiciones mínimas de seguridad? Y en caso de accidente, ¿quién asumiría la responsabilidad legal?
Resulta inadmisible que zonas declaradas oficialmente como aptas para el baño se utilicen como reclamo turístico o deportivo sin gestión, sin control y sin garantías mínimas de seguridad. La promoción y el fomento de actividades no pueden realizarse a costa de poner en riesgo la integridad de las personas usuarias.
Por todo ello, se considera imprescindible la clarificación inmediata y pública de las responsabilidades, la regulación urgente de los usos recreativos y deportivos con separación clara entre zonas de baño y actividades náuticas, la paralización de la promoción turística mientras no se garantice la seguridad real de los espacios y la adopción de medidas inmediatas de limpieza, mantenimiento, señalización y control efectivo.
La inacción institucional ante esta situación supone una grave irresponsabilidad y expone a la ciudadanía a riesgos evitables.