¿Una arquitectura eunuca?
De nuevo el tripartido del Ayuntamiento vuelve a ofrecernos un nuevo capítulo por entregas del serial dedicado al Monumento a los Caídos. Ahora ya no habla de resignificación, sino de transformación, animando a participar en un segundo concurso de ideas para hacer de aquel una especie de universidad de la Memoria por la Paz, el Consenso y la Fraternidad.
Pero la noticia la ha protagonizado hace unos días el Colegio Oficial de Arquitectos Vasco Navarros (COAVN), quien en un comunicado se “ha desvinculado de la redacción de las bases del II Congreso Internacional de Ideas y de cualquier colaboración en su desarrollo”. Alega que el Ayuntamiento “establece condicionantes arquitectónicos, como la eliminación o alteración de las arquerías, la cripta y la cúpula” y que eso va contra la libertad profesional y desvirtúan el concurso al ser una propuesta cerrada desde la política.
Sin embargo, dicen compartir el objetivo de la resignificación y que solo les mueven “criterios técnicos, urbanos, estructurales y arquitectónicos”. ¿Angelicales que son? Más bien parece una retorcida declaración a favor de una arquitectura, no sabemos si eunuca, pero muy próxima a quienes no pretenden mojarse con el calado de fondo ideológico que conlleva la remodelación de un edificio como este.
¿O es que para los arquitectos la resignificación no supone una toma de postura política concreta? Como si tal profesión tuviese bula para situarse por encima de las leyes de Memoria, y lo que estas obligan a cumplir sobre los símbolos golpistas. Mucho más si se trata de un edificio como este, que se construyó como homenaje de “Navarra a sus muertos en la Cruzada”, como sigue grabado en su frontis.
La excusa para no cumplir el propósito de la ley es transformarlo en una plataforma didáctica pacifista, integradora y fraternal para que la ciudadanía sepa lo que pasó en 1936 y no olvide. Cumplir la ley y eliminarlo supondría, dicen, la pérdida de la Memoria. Ingenuidad impropia en quienes, en buena parte profesores, saben de lo hipócrita de dicho planteamiento. Si realmente fuera ese su propósito exigirían utilizar un sistema educativo perfectamente establecido para impartir urbi et orbi lecciones de enseñanza y aprendizaje para conocer lo ocurrido en 1936, en lugar de mantener el símbolo carlogolpista transformado. ¿No tienen nada que decir los arquitectos de tan ilustre Colegio?
Nos resulta increíble que hasta la fecha no se le haya ocurrido al tripartito erigir una escultura en memoria de las víctimas de la guerra. Contemplándola una y otra vez en pleno espacio público, la gente jamás olvidaría aquella barbarie. Sólo para medir el respeto y la tolerancia de quienes no están por el derribo, merecía haberla erigido; también para saber cuánto tiempo hubiese durado dicho monolito/escultura/monumento en pie.
Pero volviendo al COAVN, importaría recordar que las piedras no tienen ideología y, en este sentido, son neutras y asépticas. Y, por supuesto, son inocentes de cualquier acusación sectaria y partidista. No lo somos quienes utilizamos esas piedras, sea de la forma que sea, y cumplan esta función o aquella. Pues la ideología que tengamos como sujetos la transferiremos a las piedras, a los diseños, a los dibujos y a los planos.
Para ello, importa recalcar que las piedras, en sí mismas consideradas, no tienen ideología y son neutras y asépticas. Depende de la ideología y propósitos de quiénes las utilicen. Los edificios se construyen con funciones distintas y adquieren una forma acorde con aquellas. Como señalaba Foucault, eso sucede especialmente con los edificios destinados a vigilar, castigar, exaltar y tutelar la conducta humana. El poder puede que sea intangible –es un término abstracto, obviamente–, pero tiene muchas maneras de manifestarse a través de diversos medios, y la arquitectura, cómo no, es uno de ellos. Y bien poderoso, porque se instala en medio de la ciudad.
Muchos de estos edificios, no solo el monumento a los Caídos, se construyeron como signos absolutos de la representación de ese poder omnímodo. Lo que llamamos patrimonio histórico artístico no viene acompañado por ninguna asepsia ideológica, sea la que sea. Al contrario, viene asociado a la megalomanía y la obsesión de dicho poder para advertencia de todos.
Convendría recordar a estos arquitectos que los fascistas, lo mismo que los nazis, lo sabían muy bien y, en consecuencia, sus construcciones tuvieron la finalidad de exaltar la memoria de quienes los erigieron, es decir, a quienes representaba ideológicamente. En el caso navarro, a Eusa y compañía.
Cuando se estaba llevando a cabo el monumento, en 1948, El Pensamiento Navarro escribió: “El monumento será un gran templo con aspecto de catedral, con su cúpula soberbia que sobresalga sobre los edificios que intenten hacerle sombra (…). Desde la plaza del Castillo se columbra ya al fondo el Monumento a los Muertos de Navarra (…) el patio de armas de la fortaleza navarra desde el que se inició el Alzamiento” (18.6.1948).
Y la cúpula, con sus visibles cruces nacionalcatólicas intactas, lo recuerda día tras día. Y se trata, obviamente, de una cúpula. ¿Aséptica? No lo parece.
Si el COAVN no quiere legitimar la propuesta del Ayuntamiento y para ello se niega a colaborar con el Ayuntamiento, está en su derecho. Pero que no nos venga con tan infantil argumentación para justificar su pretendido apoliticismo. Si algo enseña la historia de la arquitectura es su connivencia intrínseca de esta con las ideologías y con el poder. Como hemos señalado, en el caso de los Caídos, la destila hasta su cúpula.
Ningún arquitecto que se precie construye una obra basándose únicamente en la forma. Esta lleva implícita la carga oculta –a veces patente, como en los Caídos–, de su ideología. Toda forma tiene un contenido. Si los arquitectos del COAVN utilizan dicha argucia para no aparecer como compañeros de viaje del tripartito, lo entendemos, pero deberían considerar que sus posturas no son tan contradictorias. Por esa razón, el intento de darnos choto liberal por liebre carlista, es una jugada muy mal trenzada.
Firman este artículo: Víctor Moreno, Carolina Martínez, Jesús Arbizu, Pablo Ibáñez, Fernando Mikelarena, Ángel Zoco Sarasa, José Ramón Urtasun, Carlos Martínez, Clemente Bernad, Orreaga Oskotz y Txema Aranaz Del Ateneo Basilio Lacort