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La carta del día

Una mirada diferente a las listas de espera

Una mirada diferente a las listas de esperaUnai Beroiz

En los años 80, el economista sanitario Richard B. Saltman, uno de los grandes analistas del modelo sueco, recibió el encargo de estudiar las deficiencias del sistema sanitario de Suecia. Detectó problemas que hoy nos resultan inquietantemente familiares: listas de espera prolongadas, escasos incentivos a la eficiencia y una priorización clínica poco alineada con el impacto real en la calidad de vida de las personas.

Saltman y otros expertos propusieron diversas reformas. Entre ellas, la separación entre financiación y provisión de servicios, así como la introducción de criterios explícitos de priorización clínica basados en el beneficio real para los pacientes.

Un ejemplo ilustrativo fue el de las intervenciones de cataratas o las prótesis de cadera en personas mayores de 70 años con buen estado general. Estas intervenciones permanecían largos periodos en lista de espera. No operar no significaba simplemente posponer una cirugía: implicaba pérdida de visión, pérdida de autonomía, dolor crónico y limitación funcional. En la práctica, suponía condenar a muchas personas a años de discapacidad evitable.

El sistema sueco estaba, de facto, priorizando con criterios administrativos más que con criterios de impacto en calidad de vida o en los años de vida autónoma que cada persona tenía por delante. Dicho con claridad: se estaba permitiendo que una parte sustancial de los años restantes de muchas personas transcurriera en condiciones de dependencia que podían evitarse.

Las listas de espera prolongadas para intervenciones funcionalmente transformadoras –como cataratas o prótesis de cadera– no son neutras. Generan discapacidad evitable. Y, en personas mayores con buena salud general, el tiempo perdido representa una fracción muy significativa de su esperanza de vida restante. Suecia afrontó aquel reto movilizando recursos y reformando su modelo organizativo.

Hoy, en Navarra, vivimos una situación con paralelismos evidentes. Disponemos de un sistema sanitario de gran calidad que cubre a toda la población. Sin embargo, presenta listas de espera que, en muchos casos, resultan inaceptables. Son consecuencia, entre otros factores, del envejecimiento poblacional, el aumento de la demanda asistencial, la incorporación constante de tecnología de alto coste y la jubilación de numerosos profesionales sin un relevo suficiente.

Es necesario adoptar medidas urgentes, especialmente en aquellos procesos cuya demora supone una merma sustancial de la calidad de vida o un riesgo clínico añadido.

La concertación puntual y estratégica con centros privados puede aportar capacidad adicional al sistema público, reduciendo demoras en intervenciones de alto impacto funcional. Bien regulada, puede además evitar distorsiones e incentivos inadecuados derivados de la doble práctica público-privada.

Un ejemplo interesante es el modelo de Kaiser Permanente, uno de los sistemas sanitarios integrados mejor valorados de Estados Unidos. En su organización, aseguramiento, provisión hospitalaria y práctica médica forman parte de una estructura unificada, y sus médicos trabajan en régimen de dedicación exclusiva dentro del sistema. Este diseño reduce conflictos de interés y facilita la coordinación asistencial.

En Navarra contamos con centros privados de alto nivel y con profesionales sometidos a dedicación exclusiva. Concertar intervenciones quirúrgicas de alto impacto funcional para reducir listas de espera en patologías que deterioran gravemente la calidad de vida –especialmente en personas mayores en buen estado general– no debería interpretarse como una cesión ideológica, sino como una decisión pragmática orientada a preservar años de vida en condiciones de autonomía y dignidad.

Porque cada mes de espera no es un número en una estadística. Es tiempo de vida que no vuelve.

El autor es médico jubilado, especialista en Medicina Interna, en Medicina de Familia y Máster en Salud Pública y Gestión Sanitaria