Me nació un nuevo año, en primavera iniciada, entre cuidados hospitalarios de profesionales con mayúsculas. Y lo digo, con conciencia plena de vivencia continua, observando su detallado proceder, altamente cualificado y profesional, además de empático, en cualquiera escalafón que discurrió por mi devenir de paciente, observando, también, su neta paciencia. Podría detallar mi agradecimiento a los distintos servicios que me pusieron en solfa, así como a las instancias en las que recalé. Por supuesto, a su variado personal sin el cual nada es factible. Competencia y profesionalidad emanando desde la Atención Primaria al personal de Urgencias y hospitalización, sin olvidar el tránsito externo del servicio de ambulancias ante necesidades; desde auxiliares de todo tipo, pasando por el ámbito del personal de enfermería, hasta el ámbito médico y de cirugía, así como cuidados intensivos y recuperación. Sin olvidar todo lo relacionado con lo que, aunque no pueda verse tácitamente, tiene que suponer, obviamente, la gestión de todos los recursos para lograr la eficiencia necesaria. A mí me tocó Cardiología, pero, entiendo, es extensible a cualesquiera otra rama profesional sanitaria.
Pero uno, si tiene inquietud para observar y preguntar, y quiere darse cuenta de ello, puede notar desbordamientos de trabajo del personal y períodos de guardia sorprendentes (por poner un ejemplo, personal médico en cuidados intensivos con guardias de 31 horas, que hacen pensar en las condiciones en que pueden encontrarse para enfrentar una emergencia, o la situación estresante del personal en Urgencias, replicada, por su parte, con una paciencia innata). Desbordamientos reflejados en una multiplicidad de pegatinas por todos lados, reclamando el debido socorro a través de la petición de más personal.
Contemplando el espectro general de nuestra sanidad navarra, y teniendo en cuenta que en las situaciones de necesidad de atención sanitaria es cuando se nos despierta, al máximo, el ego de requerir los mejores cuidados y reclamar los servicios que pagamos con nuestros impuestos, se hace imprescindible que los pongamos en su debido valor, y que apoyemos sin fisuras sus lógicas reivindicaciones, para conseguir eliminar unas listas de espera que no son permisibles bajo ningún punto de vista, y que llevan a que, cada día, más personas contraten con la sanidad privada. Listas de espera que, además, llevan a confrontaciones de los usuarios con el personal sanitario que se deben evitar, pues son los primeros sufridores de la ausencia de medios y personal. Si, además, esas confrontaciones derivan en episodios violentos (verbales o físicos), los estaremos sometiendo a situaciones de estrés añadido a su propio trabajo. Y eso es totalmente perjudicial para ellos y para nuestra sociedad en general. Así que lo que tenemos que hacer es ponernos la bata virtual y exigir a los políticos que escuchen, sí o sí, al colectivo, para, con sus aportaciones (son los que saben al respecto), crear las condiciones de mejora global del sistema, tanto en medios como en personal (no puede ser que tengamos déficit y que dejemos escapar continuamente el talento) en ámbitos urbanos y rurales. Y se puede conseguir presionando, por el conjunto social, para que los núcleos de gestión sean planificados y dirigidos por los propios profesionales de nuestra sanidad, sin contaminación política (directa o indirecta).
Presupuestos existen más que de sobra para enfrentar el cambio. Se ingresa cada día más dinero y, además, se pueden reducir costes innecesarios derivados de incrementos, soslayables, para componendas políticas de contentar apoyos con puestos y sueldos innecesarios (habría que preguntarse cuántos departamentos o consejerías, así como empresas públicas innecesarias sobran, con sus correspondientes personas, incluyendo el propio Parlamento). Y si, además, se les da rango de autoridad, para evitar verse sometidos a actitudes incívicas, eliminaremos una lacra creciente que no nos va a llevar más que a la degradación social (si alguien, en su trabajo sanitario, da un trato no consecuente, la reclamación será cursada, y satisfecha, por el organismo interno correspondiente, que pedirá, de ser cierta, las oportunas responsabilidades).
Así que, si estamos de acuerdo en que esto tiene que cambiar de una vez por todas, quizá debiéramos hacérselo saber a esos políticos que se ausentan de la realidad de la calle, a través de las manifestaciones masivas sociales oportunas, sin que aparezca sujetando la pancarta ninguno de ellos (y me refiero a un amplio espectro, tanto políticos como sindicalistas de profesión). Es mi opinión estrictamente particular.