El poder que no salía en el organigrama
La historia de la empresa familiar en Navarra se ha forjado con esfuerzo, compromiso y con una profunda vocación de continuidad. Más de un siglo de trayectoria en muchas de nuestras empresas habla de personas capaces de mirar más allá del presente, de asumir responsabilidades con determinación y de construir proyectos que trascienden generaciones.
Empresas que han sabido adaptarse a cada etapa, crecer en momentos de oportunidad, reinventarse cuando el entorno lo exigía y consolidar su legado con visión y responsabilidad. Ese recorrido sólo es posible construirlo con carácter, con sentido de pertenencia y con una firme voluntad de seguir avanzando.
Y en esa forma de entender la empresa, como proyecto de vida, la mujer ha sido un pilar imprescindible.
Muchas mujeres han sido el punto de apoyo clave cuando todo parecía precipitarse al vacío. Han llevado el peso del hogar y de la empresa al mismo tiempo, han asumido responsabilidades cuando las circunstancias vitales les ha obligado a hacerlo, han tomado decisiones difíciles y han mantenido la serenidad, cuando el entorno pedía firmeza.
En nuestra tierra, donde el matriarcado está tan presente, ese liderazgo femenino ha sido siempre relevante. No ocupaba la presidencia, ni figuraba en el consejo. Pero estaba en cada conversación decisiva, en cada gesto, en cada apuesta por la continuidad.
Las mujeres han sido las grandes custodias de los valores de la empresa familiar, las mediadoras en los momentos de tensión, las transmisoras de la cultura empresarial y, como madres, los pilares de la unión entre generaciones. Han sabido apuntalar, tanto la familia, como la empresa. Y, han impulsado crecimiento cuando el contexto lo permitía.
Ese liderazgo no siempre ha sido visible, muchas veces ha quedado en la sombra. Y, aunque hoy la realidad es distinta y cada vez más mujeres lideran desde posiciones formales de responsabilidad, todavía existen inercias que nos invitan a reflexionar.
El acceso a la dirección aún continúa siendo limitado. La sucesión, en ocasiones, sigue condicionada por tradiciones, más que por mérito. Y el reconocimiento institucional no siempre está a la altura de la aportación real.
Pero algo está cambiando.
Cada vez son más las mujeres empresarias y directivas que asumen la dirección de nuestras compañías con solvencia, preparación y visión. Mujeres que lideran equipos, transforman modelos de negocio, profesionalizan estructuras y combinan decisión con cohesión. Mujeres que no piden permiso para ejercer su capacidad, porque saben que su legitimidad no depende de una tradición, sino de su competencia.
Desde Adefan queremos expresar hoy un reconocimiento profundo a todas ellas. A las que estuvieron cuando nadie hablaba de liderazgo femenino, a las que traccionaron en los momentos críticos, a las que renunciaron a su visibilidad para preservar la unidad y a las que hoy están llamadas a ocupar plenamente su espacio.
La empresa familiar del futuro necesita todo su talento. Necesita liderazgo con visión de largo plazo. Necesita capacidad de escucha, construcción de confianza, gestión del conflicto y firmeza en la decisión. Cualidades que no pertenecen a un género, pero que muchas mujeres han demostrado ejercer con una naturalidad y una fortaleza extraordinarias. Por eso, este no es solo un día de reconocimiento. Es también un día de impulso.
Queremos animar a las mujeres que forman parte de nuestras empresas familiares a dar un paso adelante. A participar activamente en la dirección, en la propiedad y en los procesos de sucesión. A hacer valer su criterio con serenidad y determinación.
La empresa familiar navarra ha llegado hasta aquí gracias al esfuerzo compartido de generaciones. Y, en ese esfuerzo, las mujeres han sido protagonistas, sostén, equilibrio y motor.
Por eso, en un día como hoy queremos reconocerlas, por lo que han aportado, por lo que son y por todo lo que aún están llamadas a ser. Porque su trabajo, su compromiso y su liderazgo forman parte inseparable de la historia y del futuro de nuestras empresas familiares.
El autor es presidente de Adefan (Asociación para el Desarrollo de la Empresa Familiar Navarra)