‘Euskara Gara’, euskara guztiona
Miles de personas volvemos a echarnos a las carreteras y a las calles para correr de día y de noche, sin descanso, llevando de mano en mano un testigo que simboliza algo mucho más profundo que una carrera: pasión por el euskera, celebración de nuestra lengua como elemento de convivencia y cohesión social, y reivindicación de los derechos lingüísticos de toda la ciudadanía.
Korrika, que ha arrancado este jueves 19 de marzo, recorrerá 2.175 kilómetros bajo el lema ‘Euskara Gara’. Este lema subraya una idea esencial: que somos euskera, que el euskera no pertenece a unos pocos o a unas pocas, sino que forma parte de una comunidad abierta y diversa y que es una lengua que suma, que conecta y contribuye a fortalecer la convivencia y la cohesión social.
En Navarra somos euskara. Es una lengua que nos precede y que ha acompañado durante siglos a generaciones de navarras y navarros. Es un patrimonio cultural de enorme valor que, por supuesto, debemos proteger, pero no solo eso. También hay que promoverlo e impulsarlo. Por responsabilidad. Porque la lingua navarrorum, hoy tristemente minorizada en Navarra, es la lengua viva más antigua de Europa y una de las más antiguas del mundo junto con el tamil, el chino o el sánscrito.
Y este es precisamente el sentido de la propia Korrika: una celebración colectiva en torno al euskera, pero también un momento para la reivindicación. Y para EAJ-PNV Nafarroa esa reivindicación tiene un significado muy concreto: la superación de la zonificación lingüística.
Mi compañero de EAJ-PNV Mikel Irujo suele recordar con frecuencia las palabras de Shakespeare “Navarre shall be the wonder of the world”, “Navarra será el asombro del mundo”. Una expresión que utiliza para subrayar el enorme potencial de nuestra tierra: una comunidad pequeña, pero con capacidad para proyectarse hacia fuera, para innovar, para sorprender y para situarse en la vanguardia en muchos ámbitos.
Sin embargo, en el contexto lingüístico que nos ocupa, esta expresión adquiere otro matiz y el asombro del mundo se convierte en vergüenza. Porque mantener en pleno siglo XXI un sistema en el que los derechos lingüísticos dependen del código postal debiera sonrojar a cualquiera, y, desde luego, al Partido Socialista, que defiende con entusiasmo que el euskera sea lengua oficial en Europa pero no en casa. Europa sí, Navarra no.
Si el euskera merece reconocimiento institucional en Bruselas o Estrasburgo, resulta incomprensible que se niegue en Tudela, en Cortes, en Cadreita… Defender su oficialidad a miles de kilómetros de casa mientras se bloquea su desarrollo en el propio territorio es una posición que se deriva, o bien de hacer caso a determinados discursos que llevan años alimentando prejuicios en torno al euskera, o bien de cálculos electoralistas. O de ambos. En cualquier caso, reproduce marcos más propios de la derecha que de una tradición política que dice defender la igualdad de derechos y que se autoproclama progresista. Con su posicionamiento, el Partido Socialista es impulsor, o, cuando menos, cómplice, de una anomalía democrática que otorga derechos a la ciudadanía en función del lugar en el que vive.
Y con esta reivindicación, pero también celebrando lo que somos, euskara, volveremos a recorrer pueblos, ciudades y carreteras, kilómetro a kilómetro, hasta completar los 3.436 relevos de un testigo que pasará de mano en mano durante 10 días, de Atharratze a Bilbao. Como nos cantan Pello Reparaz, Maixux Zugarramurdi y Erramun Martikorena en la canción de esta edición, Korrika es el largo camino de una carta de amor desde Zuberoa al oeste. Maitasun eskutitz baten bide luzea Xiberutikan Mendebaldera.
Euskara gara! Gora Korrika!
La autora es burukide de Euskera de EAJ-PNV Nafarroa