Korrika nos está enseñando estos días un verdadero muestrario, en vivo y en directo, de lo que es este país nuestro.Un escaparate de más de 2.000 kilómetros, que nos muestra al completo todas las caras de este poliédrico, maravilloso y complicado país, que a veces nos entristece, pero al que no podemos dejar de querer porque es eso: el nuestro.
Ese escaparate nos muestra lo mejor y la no tan bueno, la Euskal Herria fragmentada en territorios y administraciones, la rural y entusiasta en contraste con la urbana y más conflictiva; la vascófona desde hace milenios y la que dejó de serlo hace unas pocas décadas o siglos y en donde recuperarlo es un sueño que avanza despacio, demasiado despacio. Nos muestra a los viejos euskalzales que llevan, sin desfallecer, toda su vida y a los más pequeños que llevados por su entusiasmo correrían hasta agotarse si el aita no les sacase a la acera. Y a los políticos.
… Y a esos otros, que aprovechando el jolgorio van a hablar de su libro. Porque es una oportunidad de oro aprovechar el masivo apoyo popular de la gente para contarles tus problemas, tus inquietudes tus reivindicaciones y tus fobias. Pasa en otras partes también, en el futbol o en las fiestas del pueblo. Si a veces hasta en los parlamentos más respetables a alguna señoría se le escapa un exabrupto que no viene a cuento ni está en el orden del día, como no va a ocurrir esto entre el pueblo llano. Nos extrañe o no, nos moleste más o menos los espontáneos siempre están escondidos entre las multitudes a la espera de su minuto de gloria. Para saltarse el orden día y hablarnos de su libro. Repito: es parte de la movida y hay que tomarlo con deportividad.
Ahora bien, a los que aprovechando el viaje, usan como excusa a los espontáneos para, con voz destemplada, descalificar todo lo que Korrika significa y así justificar su ausencia o su falta apoyo: Oigan no, miren: En la vida les hemos visto en ninguna de las 24 Korrikas que se han realizado en este país nuestro, ni en ninguno de los 45 Oinez, ni en ninguna de las cientos de manifestaciones en apoyo a nuestro idioma: No nos cuenten milongas!. Tienen todo el derecho a hacerlo, nadie lo pone en duda. El mismo que otros tenemos a reírnos de su desfachatez.
Yo prefiero quedarme con lo positivo: centenares de miles de personas están saliendo estos días a las carreteras y a las calles en apoyo de un idioma que es el suyo. No existe una expresión que movilice a tantos ciudadanos de tan diferentes edades o condiciones sociales, ni que cree tanto consenso en la sociedad como este de la defensa de nuestro idioma. El de todos, los hablantes y los otros. Porque, que nadie se engañe, más de la mitad de los asistentes al evento no son euskaldunes, no poseen el euskera, pero no renuncian a él, a poder recuperarlo ellos o sus hijos o simplemente lo sienten suyo.
Algo que nunca entenderán estos apóstoles de la cáscara amarga.