En redes a veces te encuentras con lectores que te hacen ver aspectos de tus propios escritos que tú mismo no habías analizado o que habías pensado pero no plasmado, dando por sobreentendido algo que tú tienes en tu cabeza pero que no escribes y que por tanto queda oculto a los demás. Un ejemplo fue ayer, con el tema de la Korrika, cuando en X un usuario me señaló detalles que yo no había expresado, así que voy a aprovechar mi privilegio de contar con esta columna para que quede bien claro, sin quitar una coma al texto de ayer: la Korrika me parece una iniciativa fantástica, al igual que me parece fantástica la labor de AEK organizándola, de la misma manera que me parece fantástica toda labor que se haga de cara a defender, promover, ampliar y ayudar al euskera.
Que de manera puntual se exhiban o vean cosas que a mi personalmente no me gustan no invalida en absoluto nada de todo lo positivo que tiene la iniciativa, reconociendo que, efectivamente, la responsabilidad de exhibir mensajes es de cada cual. Dicho eso, el trasfondo del artículo de ayer y el de hoy tiene más que ver con la idea, quizá ilusa e inocente, de que se utilice cada evento para apoyar ese evento, sea el que sea, para no introducir aspectos ajenos al mismo que puedan interferir e incluso, como es el caso, molestar por un lado y enturbiar por otro.
Como comenté que no iba a manifestaciones que sabía que luego iban a contar con expresiones ajenas a la idea de la misma uno comentaba que entonces no bajaba ni a por el pan y no es eso. Pienso que hay muchísimas reivindicaciones que merecen la pena y que no se desvían de su objetivo original, pero también soy consciente de que hay otras que no son así, que hay personas que ejercen su derecho de mostrar mensajes y para eso está la vida, para decidir a qué ir y a qué no ir, sin que no ir implique que se esté en contra. De hecho, muy a favor de la Korrika.