El número de funcionarios que consigue plaza fija en la Administración foral antes de los treinta años se ha duplicado desde la pandemia. Todavía son pocos, apenas el 2% del total –el total son 18.614 funcionarios–, una minoría en una administración donde la media de edad es más bien alta. Pero son casi el doble que en 2020, el año de la pandemia, a partir del que despunta un dato que empieza a cristalizar en tendencia.
Hace seis años eran 194, el 1% del total. Hoy la cifra llega a 381, son el 2% y contribuyen a una ligerísima bajada de la media de edad –que pasa de los 50 años a los 49– y a la bajada de la interinidad, que era del 51% en 2020 y ahora está en el 44%, cifra a la que se ha llegado después de la reactivación del empleo público en 2017 –tras años de congelación en los tiempos de los recortes–, varias convocatorias grandes de oposiciones –las famosas OPE’s– y un proceso de estabilización.
A la interinidad, por cierto, también le queda recorrido: Navarra trabaja con el horizonte de no tener más de un 8% de personal eventual en la función pública. Los datos del Gobierno revelan que más de la mitad de los empleados eventuales, sin plaza fija, ocupan puestos de plantilla orgánica. Así que, en principio, todavía habría más margen para que la Administración foral sacara más plazas de funcionarios. Otra cosa es que se vaya a hacer.
Una opción atractiva para los jóvenes
Volviendo a los jóvenes. Desde 2020 ha crecido su cohorte de edad y también la inmediatamente superior, esa que va de los 31 a los 40 años. En 2020, eran 1.511 funcionarios, el 10%. Ahora son el 14%, más de 2.600 trabajadores públicos con plaza fija. Es el grupo que más ha crecido.
Entra dentro de la lógica que la Administración crezca por la parte de las personas más jóvenes, quienes más carrera tienen por delante. Lo llamativo es que que se haya producido un crecimiento tan grande en un grupo tan joven y en tan poco tiempo. Hasta el punto de que apunta a una tendencia que ya se refleja no solo en datos, también en clima de opinión. Cada vez son más los jóvenes que terminan los estudios superiores y preparan, directamente, una oposición, sin pasar por un empleo antes. En octubre de 2025, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) preguntó a los jóvenes cómo veían el empleo público. Un 62,8% veía atractiva la opción de ser funcionario.
Detrás subyace una corriente de fondo. Sobre la generalidad, cada uno tendrá sus propios motivos, pero muchos jóvenes ven en el empleo público un atractivo mayor que otras generaciones. El empleo en el sector privado es incierto y soporta peor los vaivenes de un mundo muy revuelto, donde los conflictos, los aranceles o los cambios tecnológicos radicales –como la incorporación de la inteligencia artificial al mundo del trabajo– hacen tambalear las economías de los países.
Para muchos jóvenes con estudios superiores, la oposición es, casi, una prolongación de lo que ya han hecho los últimos cuatro años, cuando estudiaban la carrera. La emancipación de los jóvenes es cada vez más tardía y los proyectos vitales –los matrimonios, las parejas, los hijos– se posponen. Un empujón de 15 meses cuando tienes 20 y picos años quizá te solucione la papeleta laboral en un mundo muy complicado para depende qué carreras. Visto así, merece la pena. Especialmente, para ciertas carreras de las Ciencias Sociales.