pamplona - Día D. Dícese del término empleado genéricamente por los militares para indicar el día en que se debe iniciar un ataque o una operación de combate. Y así, El Sadar vivió su día. El día de Vuja -que salió casi en volandas del césped rodeado por la marea de seguidores que invadieron el campo-, de la afición, que no dejó de cantar en los 90 minutos de partido, y, sobre todo, de Osasuna. El día de todo el osasunismo, que más unido que nunca realizó su operación de combate para seguir todavía vivo y con opciones para la permanencia.
Una hora antes de la cita, los alrededores de El Sadar ya acogían a centenares de aficionados que esperaban ansiosos a tan importantísimo encuentro. Poco a poco iban acomodándose en sus asientos con el nerviosismo en el cuerpo. Sin embargo, fueron relajándose y calentando motores al ritmo de la Txaranga presente ayer en el césped del estadio rojillo.
Los jugadores saltaron al terreno de juego ante la explosión de un abarrotado Sadar. Instantes previos al inicio del enfrentamiento estos mostraron una pancarta a todo el estadio que decía “Gracias por vuestro apoyo”. Así, y sin que el balón comenzara a rodar, los rojillos agradecieron de antemano a la afición todo el calor que habían recibido a lo largo de una temporada tan complicada. El público volvió a reaccionar con más aplausos, esta vez mucho más emotivos, y al canto de “Osasuna nunca morirá” orquestado por Indar Gorri. Por último, todos se aferraron al Riau Riau para que San Fermín estuviera más que nunca con Osasuna.
El partido dio comienzo sobre el césped y también en las gradas. El Sadar animó ayer más que nunca si cabe desde el pitido inicial y sin apenas descanso empezó el repertorio de canciones para llevar en volandas a su equipo. “Osasuna nunca se rinde” fue el hit más repetido en los primeros compases del encuentro. Sin embargo, tras la clara ocasión errada por el jugador del Recreativo Menosse -remató prácticamente solo de cabeza- el ambiente se tensó, se vieron los primeros rostros de angustia y se dio paso a los primeros “uy” de la tarde, acompañados por “Osasuna échale huevos”. Como si de una pócima mágica se tratara, Osasuna captó el mensaje de su afición, echó lo que tenía que echarle, reaccionó y se metió de lleno en el partido. De tal forma, que a los 15 minutos Vujadinovic, con un testarazo que Sotres no pudo sacar de su portería, levantaba de sus asientos a una grada que alivió todo tipo de tensiones y que ya había encontrado a su héroe. Desde ese instante, el futbolista serbio se convirtió en el protagonista de las canciones de la afición rojilla. Cada vez que se repetía una jugada similar a la del primer gol todos al unísono gritaban “Vuja, Vuja”.
El defensa no volvió a tocar gloria, pero el turno le llegó esta vez a David García, que tras una gran volea puso el segundo gol y emocionó de nuevo a las 17.720 personas que asistieron al partido, y en especial, a su padre -que llevaba su camiseta-, que se abrazó con inmensa alegría a un grupo de seguidores que lo felicitaron.
La tercera explosión llegó con otro gol. Si bien este había sido a 252 kilómetros -en Santander- se celebró con la misma intensidad tras conocerse que la Ponferradina había marcado en el campo del Racing y dejaba a Osasuna más cerca de la permanencia. El Sadar se vino arriba y dio paso a otro tipo de cantos como “Tebas vete ya”, “Agur UPN” y “UPN kanpora” -que se repitió en varias ocasiones-.
Así, el Día D fue siendo una fiesta, que acabó con el héroe de la afición rojilla, Vujadinovic, que, rodeado por el centenar de aficionados que invadieron el campo, volvió a vestuarios en calzoncillos después de haber regalado toda la equipación.