La historia reciente recuerda que Osasuna no tiene por norma fallar en sus compromisos del último día, aunque hace un año -y pese a ganar al Betis-los adversarios directos por la permanencia también llevaban la lección aprendida y aprovecharon su posición de ventaja para quitarse de encima al siempre molesto equipo de Pamplona. No ha habido liga en los últimos 34 años que los rojillos hayan arruinado por no cumplir en la última jornada con lo que la hinchada esperaba de ellos. Llegaran mejor o peor, había que ganar y ganaban. No sé si el exgerente Ángel Vizcay le habrá contado algo diferente a Javier Tebas, pero cuando el filo de la navaja acariciaba el cuello de los encarnados, salía a relucir lo mejor de este equipo. Algo de esto pasó ayer por anticipado, aunque en la primera parte era fácil identificar a algunos jugadores con sobre exceso de nervios y amnesia de fútbol. Había responsabilidad, un compromiso sin marcha atrás con el ser o no ser de Osasuna, y ese miedo patológico casi cuesta algún gol en acciones a balón parado del Recre que fueron pésimamente defendidas. Por contra, las grandes ocasiones entronizan a los futbolistas de cuerpo entero y ahí Vujadinovic marcó la pauta, bien secundado por un David García que puede crecer mucho si sigue a su lado, un Loé con piernas de pulpo y un Nino que lee los partidos como nadie. Con dos goles de ventaja -marcados por dos defensas centrales- para la hora del descanso, el parón serenó los ánimos, el Recre bajó los brazos y la Ponferradina lo dejó todo a punto para el segundo milagro.
Todo estrategia.- Los cinco últimos goles anotados por Osasuna han llegado en jugadas de estrategia y han dado cinco puntos que permiten ver hoy el horizonte despejado y tener las cuentas claras. Es difícil separar, en este tipo de jugadas, la pericia del lanzador de la habilidad del rematador para buscarse su espacio. Sea como fuere, Roberto Torres acertó en la puesta en acción, pero tanto Vujadinovic como David García ganaron la posición con la furia, en un caso, y la habilidad, en el otro, de un delantero. Fue en el instante en el que a Torres le tocó hacerlo todo (lanzamiento de falta directa en el minuto 44 y disparo lejano a puerta vacía, con la izquierda) cuando no obtuvo el protagonismo individual. Por lo demás, saques de falta y de esquina, a los que Martín dedica tanto tiempo en Tajonar, solapan esa enorme laguna de juego combinativo, que solo en una oportunidad (Nino) cuajó ante la defensa descubierta del cuadro onubense, aunque sin premio de gol.
Y ahora máxima tensión.- No eran pocos los que ayer acudían al estadio con el temor de que pudieran estar asistiendo al último partido en Pamplona de este equipo llamado Osasuna. Pero las carambolas del fútbol abren las puertas a una segunda oportunidad. Pensar que está todo hecho es un error; no ir a Sabadell a ganar y ser mezquino en los objetivos sería olvidar de dónde venimos y adónde vamos. Y que el último día es nuestro día.