Sabadell - Bufandas al viento, banderas con el escudo de Osasuna, el fondo sur de La Nova Creu Alta parecía el del propio estadio rojillo. La hinchada navarra consiguió que, a pesar de jugar a casi 500 kilómetros, Osasuna se sintiese como en casa.
Y no solo fue la sensación. La entrada registrada en el campo del Sabadell fue de 4.490 espectadores, de los cuales 2.500 eran rojillos.
Antes del comienzo del encuentro ya sonaba el Riau Riau, la gente estaba con ganas, quería apoyar, sabía de su importancia en el choque y una vez más, la grada no falló.
Sus voces no cesaron durante los primeros 45 minutos y eso que los mazazos recibidos fueron de los que duelen. En primer lugar, el tempranero gol del Sabadell, cuando a los hinchas todavía no les había dado tiempo a acomodarse en sus asientos. La situación fue a peor cuando uno de los héroes de la pasada jornada, el serbio Vujadinovic cayó lesionado, tras un choque con el meta local.
El central de Osasuna no pudo continuar y se marchó del estadio en ambulancia por el golpe y fue despedido entre aplausos y cánticos con su nombre.
Osasuna, a pesar de los impedimentos, siguió intentándolo con más empuje que juego y en cada saque de esquina la grada se ponía en pie para impulsar a sus chicos en busca del tanto del empate.
Otro mazazo golpeó, más fuerte si cabe, el corazón de los rojillos. El Sabadell ponía distancia en el marcador con el segundo tanto y la grada enmudecía por la situación.
Cuando parecía que las canciones volvían a resonar, la peor de las pesadillas se confirmaba, el Racing marcaba y Osasuna era equipo de Segunda División B, era el minuto 30 de encuentro.
El “Osasuna nunca se rinde” sonó más desesperado que nunca desde un fondo que creía vivir un deja vu, un nuevo descenso en apenas un año.
En la segunda mitad, el miedo pareció apoderarse de la grada, las voces ya no sonaban como antes, los nervios empezaban a invadir el fondo y el terreno de juego.
El gol de David García a falta de 15 minutos permitió descargar al fin toda la energía contenida a los aficionados. de Osasuna. Era el gol de la esperanza, el que ponía la salvación a un solo tanto de distancia.
En el 85, Asier Riesgo detuvo un balón que terminó en el palo y que podía haber lapidado el encuentro. Esa pizca de suerte tan necesaria dio esperanzas al equipo para la recta final.
El minuto 90, ese minuto que todos los asistentes recordarán por mucho tiempo, fue el que eligió Javier Flaño para despejar todos los fantasmas que habían sobrevolado el encuentro, que tuvo que detenerse por la invasión de la grada rojilla tras el gol logrado.
Durante el parón, el fondo rojillo no paró de cantar. Una hora muy larga en la que Osasuna había estado virtualmente en Segunda División B.
En la reanudación apenas se puso el balón en juego y con el pitido final, la grada coreó aliviada el último “Osasuna nunca se rinde”, el que significaba la salvación, el que hacía que el viaje no hubiese sido en vano.
Mayoría rojilla. De los 4.490 espectadores que presenciaron el encuentro en la Nova Creu Alta, 2.500 fueron rojillos. La afición desplazada a Sabadell consiguió teñir de rojo el fondo sur del estadio y hacer sentir a Osasuna como en casa.
Invasión final. El gol de Javier Flaño desató la euforia en la grada y un gran grupo de aficionados del club navarro saltó al campo, lo que obligó al árbitro del encuentro a detenerlo durante varios minutos.
960 kilómetros. El amor por Osasuna parece no tener límites y es que los hinchas recorrieron ayer, entre ida y vuelta, 960 kilómetros para apoyar a su equipo y poder vivir en primera persona la agónica salvación.