Tragedia en la Rotxapea: siete muertos, el fútbol al rescate

Memoria Un terrible suceso en 1921 en el popular barrio pamplonés movilizó a los equipos de la ciudad en la búsqueda de recursos para los damnificados por el incidente

07.06.2020 | 01:46
Arriba, portada de El Pueblo Navarro del 29-4-1921. Abajo, Osasuna en la primavera de 1921: Aizpún, Néstor, Fernando, Moreno, Lusarreta, Idoate, Gortari, Echarren y Azagra, y en el suelo, Mendaza y Caicedo. Foto: Osasunaren Memoria

Pamplona – Al poco tiempo de la fundación de Osasuna, en la primavera de 1921, se produjo una escisión. "(€) Una disgregación de aficionados que constituyeron otro equipo, llamado Denak Bat, cuya misión vimos después era entretenernos en partidos con el reserva de Osasuna, Laguna Artea y Regimientos Militares". Son las palabras de Ángel Goicoechea en 1942. Un grupo en el que aparecen nombres como: Esparza, Ayestarán, Isabelo Iribarren, Zozaya o Lecumberri. En estas mismas jornadas de final de abril de 1921 ocurriría una tragedia que conmocionó Iruña.

EXPLOSIÓN E INCENDIO DE LA ROTXAPEA El 28 de abril de 1921 era jueves, hacia las 17:00 horas, según recoge El Pueblo Navarro, ocurrió una explosión en un almacén de cartuchos de armas de fuego, en el subtítulo dice "Vuela una casa". El almacén situado entre la calle del Mediodía y Alfonso Victoria, ubicado donde antes estaba el frontón de Lapoya, fue la mecha que produjo el consiguiente incendio en la zona. La Rotxapea entonces era un barrio popular, donde se mezclan huertas, pequeñas fábricas y talleres.

En el trágico accidente fallecieron siete personas y hubo dos heridos graves, además de algún herido leve y numerosos daños materiales. Entre las víctimas estaban la hija y la hermana del dueño del almacén, Juan Martínez Goñi, que en ese momento estaban en la casa de ésta ultima, contigua al almacén. El relato de los hechos narrado por la prensa al día siguiente muestra bien la magnitud. "Aquello era horrible, pavoroso€ La explosión fue formidable y espantosa. Fue tal que se notó en toda Pamplona", relataba el cronista del Diario de Navarra. Y no exageraba, ya que en el relato señalaban que se notó el temblor desde la propia redacción, y el balance de daños reportó muchos edificios damnificados en la inmediaciones, pero también daños en edificios lejanos como el colegio Maristas, ubicado a 1.400 metros o la cárcel de Pamplona, a 800 metros.

La crónica hacía hincapié en el enorme destrozo de la explosión. Zabalza y Zabala eran dos testigos, dos vaqueros de la Diputación que trabajaban muy cerca y se vieron empujados por la misma varios metros. Al reponerse, acudieron al rescate de las personas. "Se afirmaba que debía haber tres o cuatro cadáveres más en el interior de la cartuchería€ Pero no podía concretarse nada ante la imposibilidad de penetrar en el interior del edificio, convertido todo en ígneos escombros", relataba el periódico, que destacaba sobre todo la posterior actuación del cuerpo de bomberos de Pamplona: "Los bomberos trabajaron y maniobraron heróicamente, arrastrando el peligro de los derrumbamientos, de las llamas y de posibles y nuevas explosiones. Nada les arredró ni les detuvo".

Tres años después la sentencia Se celebró juicio y condenó a Juan Martínez Goñi y Azparren, el dueño del almacén, a un año y ocho meses de prisión y una multa de 5.000 pesetas a cada uno de los familiares y 400.000 pesetas a los propietarios de los edificios dañados por 18 delitos de homicidio, lesiones y daños. La sentencia reconocía que la causa de la explosión era desconocida, pero que la cantidad de pólvora almacenada para provocarla "tuvo que ser exorbitante". También reconocía que la existencia de dicho almacén no tenía licencia ni se había puesto en conocimiento de las autoridades, siendo además ilegal al estar ubicado "a quince metros de la carretera, en un lugar poblado con otros edificios y casas contiguas de vivienda". Además, las operarias encargadas de cargar los cartuchos eran tres jóvenes de 16, 15 y 14 años, que fallecieron en el acto, y que eran "inexpertas y desprovistas de aptitud y competencia para la labor a que se dedicaban", según narra la sentencia.

1 de mayo negro En Iruña se celebra la fiesta del proletariado con evidentes señales de luto. Mitin en las Escuelas de San Francisco, intervienen Mencos, Osakar y Rico, muy aplaudidos. denuncian a las autoridades que permiten instalaciones como la del almacén de cartuchos en medio de un barrio obrero. Después de los funerales, el mitin se alarga para que puedan acudir, se produce la manifestación. La Pamplonesa entona La Internacional; con estandartes y banderas rojas, la manifestación llega a la Diputación y una comisión de las federaciones obreras entrega las reivindicaciones a las autoridades, la principal tiene que ver con Las corralizas (las tierras para los trabajadores).

En Donosti, ese domingo 1 de mayo, se produce la victoria más importante hasta la fecha, 1-2 vence Osasuna contra la Real Sociedad B. Los niños la recordarían durante bastante tiempo cantando la gesta con la música de la Internacional.

Solidaridad desde el mundo del fútbol Aquellos años se producía un boom deportivo en la sociedad pamplonesa. Además del fútbol comienza arraigarse el cross-country. Paralelamente, se suceden las iniciativas solidarias con las víctimas. El 30/4/1921 publica El Pueblo Navarro: "El Club Atlético Osasuna lamenta la desgracia sucedida en la explosión de la fábrica de cartuchos de la barriada de la Estación y se pone en disposición de las Autoridades por si desean organizar un festival deportivo para recaudar fondos para las familias afectadas". Poco más se trataría en aquella asamblea, salvo el anuncio y convocatoria de jugadores para el viaje a Donosti el domingo. A continuación se daba noticia: "Constituida una nueva sociedad en esta capital: Denak Bat", y para celebrarlo se anuncia una excursión a Lekunberri. Es de destacar que en El Pueblo Navarro (1917/1931), periódico de tendencia liberal, Marcos Aizpún escribía en sus páginas y desde ellas llamó y animó la creación del club, realizando convocatorias y avisos.

No aparecen más referencias, ninguna respuesta al ofrecimiento de Osasuna. El domingo 15 de mayo de 1921 Denak Bat (la escisión de Osasuna) y Deportiva, son quienes organizan una jornada deportiva benéfica con el fin de que la recaudación se destinara a los familiares de las víctimas del incendio en la Rotxapea. Antes nos encontramos con el debut del Denak Bat que vence 4 a 1 al Laguna Artea el 5 de mayo.

Por la mañana tienen lugar partidos de pelota en el Euskal Jai, carreras pedestres y finaliza, por la tarde, con un partido en el Hipódromo. Los actos son muy concurridos. Al inicio del partido y durante el descanso actuó La Pamplonesa. El partido finalizó empate a 1. Para acoger a los asistentes, tuvieron que alquilar 500 sillas y en total se recaudaron 718 pesetas. En el archivo municipal encontramos pagos a Pedro Huarte facturados a nombre de Denak Bat. A pesar de que el objetivo era recaudar fondos, la crónica del partido se muestra muy crítica con el juego de los dos equipos. Les exige mayor dirección y señala cierta carencia en el desarrollo de una idea del mismo.

En octubre de 1922, volvemos a encontrarnos con el Denak Bat enfrentándose al Rentería, previamente había jugado contra Osasuna. No sabemos qué fue de aquel equipo llamado Denak Bat, cuándo dejarían de jugar en su nombre. Uno de los fundadores, que también fue de Osasuna, era Isabelo Iribarren, abuelo de Juan Iribarren, el preparador físico de Osasuna, Atlético, Athletic... Entre las mismas páginas de El Pueblo Navarro, encontramos muestras de la popularidad y crecimiento deportivo: anuncian de la publicación de un semanario de información deportiva de nombre Los Deportes. En Iruña, definitivamente, el fútbol se convierte en algo popular.

En la memoria anual del Orfeón Pamplonés de 1931, en plena República, recoge en las páginas de La Noticia un concierto del Orfeón y de la Pamplonesa en beneficio de los obreros parados.

15 años y tres meses más tarde de la tragedia de la Rotxa y del mitin del 1º de mayo, el verano de 1936, encontramos más de 10 personas con el apellido Rico entre los encarcelados tras el golpe, e Isidro Mencos y Tiburcio Osakar, los que se dirigieron a los obreros en el mitin del 1 de mayo, serían asesinados. Preocuparse por las condiciones de vida de la clase trabajadora de Iruña, tenía un precio que había que pagar, según el fascismo.

Esta semana hemos conocido a Antonio Mencos, de 90 años, todavía no sabe nada de cuando y donde mataron a su padre.