La anterior final de Copa de Osasuna, la inolvidable de 2005, ha hecho desempolvar recuerdos de hace 18 años y restaurar en alguna zona más latente de la memoria algunos detalles de lo que pasaba alrededor de aquel día caluroso de junio, en el que los rojillos se pusieron a navegar a contracorriente de la historia. En el caso de los actuales futbolistas de Osasuna, los protagonistas de la nueva final muchos años después, la rememoración de la fecha tiene un valor lógicamente sentimental, pero también indicativo sobre por dónde andaban entonces los héroes de ahora del osasunismo.
Sergio Herrera tenía 11 años y jugaba en el Club Deportivo La Charca, su equipo de Miranda de Ebro del que saltó a las categorías inferiores del Alavés, donde empezó su carrera en el fútbol próximo al profesional. “A Sergio era un chaval que se le veía que podía llegar lejos”, comentaba a este periódico hace un tiempo Miguel Arbaizar, uno de los técnicos de La Charca y entrenador de los equipos de jóvenes del club. “No está tan mal de la cabeza”, bromeaba Arbaizar. “Le gusta, se cuida para el fútbol y vive para ello. Es un portero que para mucho”.
Aitor Fernández, el otro portero del primer equipo, tenía 14 años y progresaba en las categorías inferiores del Athletic. Nacho Vidal era un chaval de 10 años que comenzaba a estirarse en el Valencia, mientras que Rubén Peña estaba en el Real Ávila, equipo de su ciudad natal con el que llegó a debutar en Tercera años después.
Aridane es uno de los jugadores de la actual plantilla con más trayectoria en equipos de todas partes y en 2005 acababa de dejar el Real Madri juvenil para unirse a la filas del Valladolid de la misma categoría. David García –llegó en 2004 a Osasuna y estuvo en la final en Madrid de espectador– y Unai García estaban ya en las categorías inferiores de Osasuna. Juan Cruz, natural de Las Rozas, jugó de muy niño en el Real Madrid, antes estar en el Atlético de Madrid desde cadetes y todos los años de juveniles. En 2005, cuando Osasuna disputaba la final en el campo de sus mayores, el Vicente Calderón, tenía 13 años, y era un colchonero prometedor.
Lucas Torró estaba en el equipo de su pueblo, el Contestano y Darko Brasanac en las categorías inferiores de un histórico del fútbol serbio, el Partizán de Belgrado. Rubén García y Moi Gómez circulaban por las filas del Levante y el Alicante, y Jon Moncayola y Kike Barja, en la órbita de Osasuna. Chimy estaba en Rosario militando en Tiro Federal, mientras que Budimir lo hacía en el Radnik Velika y Kike García era uno de los más grandes en el equipo de Quintanar del Rey.
Y los muy niños
Pero a los que le tiene que sonar la historia como algo realmente lejano es al grupo de tiernas criaturas que en 2005 habían soltado el chupete no hace mucho. En el conjunto de futbolistas con el que trabaja Arrasate en los últimos tiempos hay unos cuantos que andaban casi oliendo a colonia de bebé. Este es el grupo en el que se integra Diego Moreno (4 años), Jorge Herrando (4 años), Manu Sánchez (4 años), Abde (3 años), Pablo Ibáñez (6 años), Aimar (3), Iker Benito (3) e Iker Muñoz, sólo dos años. Angelicos.