Afición rojilla al otro lado del charco
Andoni Jiménez y Nerea Labiano del Río siguieron la final desde Estados Unidos
10 horas y 10 minutos en avión separán La Quinta Avenida de Nueva York con el estadio de La Cartuja, en Sevilla, epicentro del fútbol al disputarse la final de Copa del Rey, un evento que centró el foco tanto nacional como internacional, pues se retransmitió en 126 países. Lo que en enero parecía un planazo a buen precio se fue convirtiendo en un ‘problema’ para Andoni Jiménez y su pareja, Nerea Labiano del Río, pues Osasuna fue avanzando rondas en Copa del Rey hasta plantarseen la final, que se celebraba en mitad del viaje de estos navarros, que hicieron todo lo posible por encontar un local para verlo. Lo localizaron, pero se juntaron junto con otros aficionados rojillos. Juntos vivieron las horas previas, disfrutaron con el gol de Torró.
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“Buscamos en enero un vuelo barato, que nos saliera bien de precio. Fue sin querer y no nos imaginábamos que fuera a pasar esto. Tenemos emociones encontradas, porque he estado en Madrid, he estado en Sabadell y es difícil ver que no estoy ahí. Teníamos todo cogido, todo reservado, era muchísimo dinero y, al final, es lo que toca. Conforme se acerca el momento duele un poco más, eso es así. Pero no estoy mal, tampoco. Vamos a ver el partido en un bar que hemos encontrado”, comenta Andoni, horas antes del inicio del duelo.
El que fuera portero del Beti Kozkor vio el partido de vuelta de semifinales que se disputó en San Mamés en su domicilio, y recordaba que “egoístamente pensé que una eliminación de Osasuna, que nunca me ha alegrado, ni nunca me alegrará, pero sabiendo que no vamos a estar... Pero celebré el gol de Pablo Ibáñez como el que más. Se despertó el perro, el vecino del séptimo... fue una explosión. Mi club va por encima de todo, pero al segundo piensas que no vas a estar en esa final. Las cosas surgieron así y así han sido”.
Las horas previas al encuentro, reconoce, “las hemos pasado bien. Estamos paseando por la Quinta Avenida, que es donde vamos a ver el partido. Un poco más nervioso, viendo muchos vídeos de la gente por redes sociales y que mandan los amigos, dando mucha envidia, pero aquí estamos bastante bien también”. “Me están mandando mensajes, vídeos... Me gusta. Lo estoy viviendo, claro, pero de otra manera”, agrega.
“Ella me mira, está más tranquila, y me ve bastante raro. Lo vive mucho más tranquila, no lo siente tanto, pero lo siente porque ve que lo siento yo. Tengo que decir que me pidió perdón cuando vinimos aquí, sabiendo todo lo que sufro yo por el club y sabe qué significa para mí venir aquí y no poder ver a Osasuna y me planteé no venir. Era impensable. Entonces, no hay que pedir perdón, porque las cosas pasan así y no pasa nada”, asegura Pitu, mientras que Nerea, de fondo, reconoce que “durante el partido sí que estaré nerviosa”.
“Unos críos me han cantado el ‘Osasuna nunca se rinde’. Llevaban la camiseta del Bayern, pero eran españoles. Me ha hecho gracia ver a una familia de Pamplona”, señala el navarro.
“Al principio estaba muy tranquila. Soy rojilla, pero no soy muy consciente porque no lo vivo tanto como Andoni”, relata Nerea por su parte. “Ahora que hemos llegado, veo las teles, nos hemos encontrado con una pareja de Osasuna y veo que va a empezar el partido, sí que me encuentro más nerviosa. Luego estaremos con todas las familias haciendo piña”.
Ya con el partido empezado, este grupo de personas que se reunieron en el bar, lamentaron el gol de Rodrygo. Como habían pactado, unieron las mesas para hacerse una piña. “Se oían aplausos con cada parada de Herrera”, detalla Pitu, que contó a ocho pamplonicas en el bar. “Nos vamos a quedar todos juntos. Estamos echando un rato a gusto”, señalaba al descanso.
Con el gol de Lucas Torró, que significó el tanto del empate, se desataron en el bar. “Qué locura”. Sin embargo, doce minutos después, el gol cayó “como jarro de agua fría... estábamos bien...”. Al final, reconoce “entró un madridista a la sala a darnos la enhorabuena. Esto es fútbol, y que fair play”. Un gesto que agradecieron. Acabó el partido, y todos los aficionados se quedaron en el bar. Ahora, esta pareja terminará su viaje y se prometen que, a la siguiente, acudirán. Sea donde sea.
