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Real Sociedad - Osasuna, la prórroga | Cuestión de personalidad

En Anoeta, más que la circunstancia de que en el campo estuvieran unos u otros pesaron las decisiones del entrenador

Marrero intercepta el último lanzamiento de Catena, que significó la eliminación de Osasuna tras caer por 4-3 en los penaltis.EFE

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La eliminatoria, al final, no iba de titulares o suplentes, de quiénes están más capacitados en este momento ante las exigencias de la competición y quiénes no, sino de la personalidad que debe regir las actuaciones de todo equipo, al margen de los once que defiendan el escudo. Esto último, la personalidad, pesó ayer más que lo primero. En los minutos anteriores al inicio del encuentro, a buena parte del osasunismo se le hinchó la vena roja al conocer la alineación por la que optó Lisci. Se habló en ese momento de tirar la eliminatoria, de falta de respeto a la afición desplazada a San Sebastián, en fin, casi de un engaño premeditado si atendemos a las palabras del técnico en la víspera. A primera vista, el responsable de la plantilla parecía que pensaba más en el encuentro del sábado frente al Oviedo, en reservar futbolistas, que en este atractivo emparejamiento de octavos de final de Copa.

Entre los que comenzaban el partido, solo repetían dos del once inician que se presentó en Montilivi. Parecía improcedente encarar un compromiso tan importante en un torneo que tiene enganchada a la afición rojilla, sin la presencia en el campo de quienes vienen consumiendo más minutos en la Liga. La Real no presentaba una rotación tan ruidosa y no es que en el Campeonato le vayan las cosas mucho mejor que a Osasuna. Esa postura crítica con las decisiones del italiano, que encontraba eco en muchos osasunistas, tenía una parte de razón, pero también caía en la incongruencia. Quienes argumentaban que el entrenador cometía una falta de respeto al poner en los pies de los once elegidos el futuro de Osasuna, faltaban al mismo tiempo al respeto de jugadores que, no juegan porque no quieren, sino porque no los ponen (y no vamos a entrar en casuística individuales), ponen en tela de juicio además el hecho de que hubiera en el campo cinco canteranos y caen en la contradicción cuando se quejan de que juegan siempre los mismos. Sin embargo, ayer fueron los futbolistas de la reserva, los suplentes, los no titulares, los que calientan banquillo o como les quieran llamar, fueron esos los que mantuvieron la eliminatoria encarrilada hasta la hora de juego con una ventaja de dos goles. Podemos discutir las formas, el exagerado repliegue o que no mantuvieran la fluidez con el balón del inicio del choque, pero en esa carrera por relevos en la que entra muchas veces un partido, eso que llaman también la unidad B, entregó el relevo en franca ventaja a sus compañeros.

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En Anoeta, más que la circunstancia de que en el campo estuvieran unos u otros pesaron las decisiones del entrenador. Lisci quiso sostener la ventaja levantando una línea de cinco y otra de cuatro para defender el área con un grueso muro. Todo lo que ganaba en posición defensiva lo perdía en presencia en el territorio rival. Osasuna no era capaz de realizar dos pases seguidos y en algunos momentos su imagen era la de un equipo que no encontrara más argumentos que quitarse de encima el balón de un puntapié o enredarse en tretas que parecen más propias de un equipo de José Bordalás. Y así, con toda la brigada de especialistas defensivos en el campo (Rosier, Boyomo, Herrando, Catena, Javi Galán y Torró), nadie impidió que el desenlace fuera más allá de los noventa minutos, con todo a favor de los rojillos. Mientras Osasuna no rebasaba la línea de medio campo, el entrenador renunciaba a la velocidad de Víctor Muñoz para poner a prueba a una defensa de la Real con demasiados minutos en sus piernas.

Bien, hasta aquí nos trajo el viaje de esta temporada en la Copa que acabó de mala manera y en la última etapa sumó más dudas al futuro del equipo, al manejo de la plantilla por parte del entrenador y su conservadurismo en la toma de decisiones.