Después de que el partido hubiese consumido una hora de juego y que el Mallorca hubiera metido dos goles en la mochila frente a un Osasuna desconocido, el equipo de Lisci tomó cartas en el asunto y estuvo a punto de voltear el marcador. Osasuna rescató un punto frente al Mallorca y también estuvo muy cerca de encadilar todavía más a sus aficionados con una proeza, porque no se debe tomar de otro modo lograr el empate a partir del minuto 90, cuando todo parece bajo control. El equipo de Lisci ofreció un primer tiempo discreto, del que difícilmente fue posible rescatar alguna acción de mérito, pero en la segunda mitad, cuando el Mallorca se había cobrado una diferencia larga gracias a dos dianas de Muriqi, compareció en el encuentro como un huracán y estuvo a punto de llevarse a su rival por delante.

Osasuna firmó una media hora final espléndida que dejó en el aficionado la sensación de victoria -el marcador iba 0-2 en el minuto 89- y en jugadores y técnico la quemazón de la decepción porque se sintió que la tardanza es una pésima compañera si se trata de cumplir los planes. El equipo de Lisci propuso y dispuso de oportunidades como para haber ganado. Los goles llegaron en los minutos 90 y 94, pero aún después hubo ocasiones como para consagrar la redención en el marcador.

Osasuna se queda a medias en la labor de proyectar sus intenciones hacia la zona alta, pero la tarea no queda del todo descompensada porque se siguió la suma, que fue mucho en un encuentro tan disparatado.

Estaba El Sadar dormitando en ese horario confuso para el fútbol, cuando todo el personal saltó con el susto. Los del Mallorca, por el regalo que le concedió Sergio Herrera, los de Osasuna, porque nadie esperaba semejante desenlace a un centro desde el otro lado del campo -del terreno propio de los baleares- que se le escurría al meta rojillo en su intento de despeje y que convertía a Muriqi en goleador sin querer.

Hasta el gol del ariete kosovar, en el minuto 35, no había pasado casi nada relacionado con el gol, aunque estaba siendo más activo y protagonista el Mallorca de Demichelis, que reclamó el balón como estandarte de su necesidad de puntos. Mascarell probó a Sergio Herrera pasada la media hora y el portero rojilló salvó a su equipo del segundo a un minuto del descanso. Osasuna, centrador y espumoso por la banda de Galán y Víctor, solo firmó un remate sucio a los quince minutos. Lo demás fue un desierto de ocasiones. Un aburrimiento para el espectador que esperaba a Osasuna mientras no pasaba nada.

La reanudación ofreció un segundo tiempo excitante a partir del segundo mazazo de Muriqi. A Osasuna, que salió a por el partido y antes de los quince minutos había alterado en meollo de la alineación con la entrada de Moro y Raúl García por Torró y Rubén García. La apuesta ofensiva de Lisci recibió un manotazo porque en un contragolpe, con el equipo volcado y con el medio centro a otras cosas, el Mallorca forjó una llegada para el lucimiento de Muriqi, letal también con el balón en los pies llegando a recoger la pelota desde el flanco opuesto de donde había llegado la jugada.

El Mallorca, con 0-2, desapareció. Claudicó frente a un Osasuna que se abalanzó sobre él y que, por fin, comenzó a crear peligro. Antes de Virgili fuera expulsado, los rojillos ya habían dispuesto de ocasiones por parte de Budimir y Víctor Muñoz. A quince minutos del final, Lisci remodeló el equipo de la forma que llega desde la desesperación, mantuvo una defensa testimonial con tres hombres -Rosier, Catena y Juan Cruz-, los medios centros fueron Moi y Aimar, y todo lo demás se construyó para el ataque. Raúl García, expulsado en una de las numerosas acometidas de Osasuna, llevó a los dos equipos a la igualdad numérica, pero no desaceleró la animación de los rojillos. Barja -en otra buena aparición- marcó el gol de la esperanza en el minuto 90 y Budimir, que fue mejorando con el paso de los minutos en un encuentro incómodo para él, firmó el empate en el 94. Aún estuvo a punto de completar la remontada con un testarazo de los que no suele fallar. Bastante se hizo en un partido pésimo.