Entre los asuntos que deben quedar definidos este verano está el equipo en el que jugará Víctor Muñoz. Con contrato en vigor con Osasuna hasta 2030 y una cláusula de rescisión de 40 millones de euros, el asunto que pesa como una losa es el de la propiedad, ya que el 50% de sus derechos pertenecen al Real Madrid, que tiene el derecho de recompra del jugador -este curso por ocho millones, nueve el siguiente y diez en el tercero-.
Hasta aquí es la historia sabida en la que Osasuna acertó con la contratación del chaval -lo ha hecho internacional, ahora mundialista y lo ha colocado con los mejores jóvenes de la Liga- y Víctor, está claro, ha atinado con la vivencia como rojillo, de donde ha salido como un cohete en un solo curso.
Su proyección -siete goles y seis asistencias- y juventud -cumple 23 años el 13 de julio- le colocan en una situación excelente para que en el mercado de verano pase algo con él. O no.
Solo estrellas
Si el Real Madrid es el que más tiene que decir de sobre su futuro, por allí hay de todo menos calma. Lanzados los dos candidatos a la presidencia, Florentino Pérez y Enrique Riquelme, a la caza del fichaje más gordo y sonoro, parece que el papel que queda a los jóvenes futbolistas es muy residual, convertidos en hombres de segunda fila o en su caso reclamos para ser utilizados de manera interesada cuando conviene hablar de la cantera. Víctor está entre Konaté, Dumfries, Mourinho y algún otro y Haaland y Rodri, por lo menos, por el otro. Sin contar con que ahí siguen el enfurecido Vinicius y el delicado Mbappé, entre otros muchos que están siempre subidos en una pasarela.
Que se sepa, donde mejor ha estado Víctor en el fútbol de primer nivel ha sido en Osasuna. Pero el vendaval puede llevarte hacia cualquier parte. Hasta a lo insospechado.