EL Sadar, que con sus menos de 20 kilómetros de longitud (de los cuales 3,7 transcurren por Pamplona) es el menor de los tres ríos que pasan por la capital navarra, está inmerso en un lavado de cara con el que el Ayuntamiento pretende sacarlo del subsuelo urbano y convertirlo en un agradable lugar de paseo que conecte las tres universidades de la ciudad. Sin embargo, vecinos y ecologistas plantean serias dudas sobre la conveniencia de las actuaciones previstas en el río, y alertan de las consecuencias que acarreará lo que consideran una "aberración ambiental".

Este pequeño río solamente mide 19 kilómetros desde su nacimiento, en las sierras de Aranguren y Tajonar, hasta su desembocadura en el Elorz, y sus aguas apenas bañan en Pamplona una tercera parte de lo que lo hacen las de su hermano mayor, el Arga. En total, el Sadar drena una cuenca de 70 kilómetros cuadrados y recibe unas precipitaciones medias de 700 mm, que le aportan un caudal estimado de 12hm3 anuales. Su cauce, estrecho y muy encajado en el terreno, tiene una anchura media de entre seis y ocho metros, incluidos sus taludes.

El Sadar, que entra en Pamplona desde Mutilva y entrega sus aguas al Elorz en el barrio de Etxabakoitz, ha permanecido durante muchos años soterrado bajo las naves de El Pamplonica, y oculto e intoxicado por los vertidos del Centro de Tratamiento de Residuos Urbanos de Góngora. No obstante, pese a este oscuro tramo central, el Sadar transcurre tranquilo por todo el sur de la capital regando los campus universitarios.

pasado y futuro La fábrica cárnica El Pamplonica se fundó en Pamplona en 1927. Sus instalaciones, derribadas entre octubre y diciembre de 2010, estaban compuestas por seis edificios levantados en un solar de 19.020 metros cuadrados en la avenida Zaragoza, sobre el río Sadar. El proyecto de urbanización de Arrosadia-Lezkairu conllevó la salida de la empresa de este emplazamiento, y una vez abatidos los edificios, hace algo menos de dos años, el río regresó a la superficie reencauzado.

Los planes del Ayuntamiento apuestan por la creación de una zona residencial, acompañada por un parque de 37.000 metros cuadrados en el solar de la antigua fábrica, que albergue 12.830 nuevos ejemplares de arbustos y árboles y un lago de 5.000 metros cuadrados. Asimismo, el Consistorio trabaja en la construcción de un nuevo puente para vehículos de 20 metros de largo y 25 de ancho, trabajos que mantienen cortada en estos momentos la avenida Zaragoza, una situación que se prolongará durante los próximos cinco meses.

Para Piru Zabalza, de la asociación de vecinos de la Milagrosa, estas obras, al margen de "los problemas de aparcamiento que ocasionan para las personas de la zona, los trastornos del transporte urbano y las molestias para los comercios", no constituyen una prioridad para el barrio. "Hay otras actuaciones por encima, como un proyecto de regeneración del barrio o todo el tema de juventud, comercio o bajeras. Ya lo dijimos en su día: no es el momento de acometer esta obra", sentencia.

El colectivo ecologista Gurelur, por su parte, ataca el proyecto municipal por otro frente, calificándolo de "aberración ambiental" por las grandes afecciones que contempla sobre el río. "Se trata de una alteración total y absoluta del cauce de un río problemático sobre el que se han producido continuos sucesos de contaminación por escape de lixiviados (líquidos nocivos producidos por los residuos sólidos urbanos) del vertedero de Góngora", lamenta Toño Munilla, de Gurelur.

El ecologista explica que "un río necesita herramientas ambientales como meandros o saltos de agua para oxigenarse", y cuestiona la decisión de estancar las aguas en un lago: "El agua se sedimenta y produce algas. Además, me imagino que el Ayuntamiento meterá patos, pero en cuanto lo haga nosotros pondremos una denuncia, porque la ley prohibe introducir animales no autóctonos".

Como conclusión, Munilla considera que "el concepto del Ayuntamiento es que el río es suyo y puede hacer con él lo que le plazca, pero este proyecto es un sinsentido, ambientalmente no se sustenta y no va a ayudar nada a un río muy contaminado, algo que repetidamente se ha denunciado y se ha comprobado. Si el Ayuntamiento actuase conforme a la normativa y al sentido común, tendría que hacer cualquier actuación menos esta", señala el miembro de Gurelur, quien sugiere la recuperación de las orillas.

En cualquier caso, los trabajos seguirán adelante con el propósito de dar continuidad al parque fluvial del Sadar. Ya se ha eliminado la antigua industria que obligó a la canalización del río, y próximamente se restituirán los márgenes, permitiendo unir los campus universitarios a través de un corredor natural.