pamplona - Algo le ha debido de fallar el subconsciente a Iker para que su novia -con la que lleva saliendo dos años aunque se conocen "desde hace doce"- se llame Lorea (flor en euskera) y no sólo porque este joven con más capacidades que discapacidades adore los narcisos y las flores de primavera. Demasiada casualidad para quien acaba de obtener el Certificado de Profesionalidad como auxiliar de jardinería, quiere dedicarse a la agricultura y le apasiona la naturaleza en todas sus variantes (monte, pueblos, animales...). Buena culpa de esta afición la tiene su padre Iñaki San Miguel con el que comparte 24 años de confianza, apoyo y admiración. A sus 24 años es el primer navarro con discapacidad intelectual (síndrome de Down) que consigue llegar tan lejos y obtiene un nuevo título oficial en esta exigente cualificación que le abre nuevas las puertas en el mercado laboral. Tiene mucho camino ganado al alcanzar esta nueva meta, ha logrado su primer empleo además de haber conseguido emanciparse en un piso con apoyo de la Asociación Síndrome Down de Navarra.
A lo largo de los últimos seis meses Iker San Miguel se ha capacitado como Auxiliar en Viveros, Jardines y Centros de Jardinería. Y eso ha sido posible gracias a su esfuerzo, al apoyo de los otros compañeros de curso, que han valorado muy positivamente la experiencia, y a la labor de sus monitoras: la de jardinería María José Moreno y la de apoyo, Manaik Riviere.
El joven, natural de Barañáin, fue elegido dentro del programa de formación para el empleo del Ayuntamiento de Pamplona entre 20 candidatos y superando un baremo. Hubo 80 solicitudes y San Miguel quedó el número 17. El Consistorio inició entonces la segunda fase de selección mediante entrevistas. Iker contaba además con una formación previa en esa rama a través de un PCPI previo en el instituto de FP Agroforestal y tenía detrás el apoyo de su familia. Los cursos se realizan en colaboración con el SNE y, en el caso de Iker, se adaptó el contenido del curso a sus necesidades. La monitora María José Moreno se encargó de elaborar el material específico con apoyo del CREENA, el colegio El Molino y el instituto de FP Agroforestal, y contrató a Riviere, con experiencia en docencia y discapacidad intelectual.
San Miguel comenzó en septiembre la formación teórico práctica que, hasta el 28 de noviembre, le supuso dedicar cinco horas diarias a estos contenidos en el Centro de Formación Municipal Casa Irujo (Vuelta de Aranzadi). Tras haber superado los módulos, incluyendo trabajos grupales y la confección de un herbario, era necesario realizar 80 horas de prácticas que terminan este viernes para obtener el Certificado (nivel 1) y que Iker realiza en los viveros municipales. Un trabajo que ha requerido menos trabajo de adaptación porque el alumno gozaba de "las destrezas mínimas necesarias". El grupo también recibió formación en búsqueda activa de empleo, atención al cliente y autoempleo. Ayer se mostraba muy ilusionado, sabe que todo el esfuerzo y las horas de "estudio y concentración, con la ayuda de mi padre y de mi hermano Haitz", han merecido la pena. Moreno reconoce que la única limitación ha sido la "velocidad". Por contra, es "minucioso, responsable, ha funcionado muy bien y las relaciones con sus compañeros han sido excelentes; es un chaval fantástico que se esfuerza muchísimo". "Los ritmos son diferentes pero la ambición no es esa, el trabajo de apoyo de las monitoras ha permitido detenerse más en la formación pero en las prácticas ha manejado máquinas y ha realizado funciones sin ningún problema", abunda. "Hemos aprendido mucho, nos ha causado mucha sorpresa porque él ha querido igualarse al resto de compañeros en un curso con contenidos técnicos difíciles y ha logrado estudiar muchísimo. Son cursos complejos", abunda. En el vivero Iker ha hecho tareas de trasplantes de macetas, etiquetado, limpieza y desbroce, entre otras.
Sus compañeros de curso se han visto "enriquecidos" por la experiencia de convivir con una persona con "un sistema de aprendizaje distinto". Él asegura que sus compañeros le han ayudado pero también "también yo les ayudo y les enseño lo importante que es respetarse". De igual modo el Consistorio reconoce que este proceso ha supuesto un "paso de flexibilización de criterios y de adaptación de metodologías" que podría extenderse.
Iker compatibiliza sus práctica en el vivero con un trabajo a media jornada en la UPNA en el mantenimiento del polideportivo. Cuando finalice este trabajo (empleo con apoyo del SNE) volverá al proyecto Itaca de la Asociación Síndrome de Down con talleres y actividades que les preparan para su inserción en la vida laboral, "adquieren las habilidades sociales y los hábitos necesarios", explican sus padres.
No sólo la jardinería, Iker tiene gusto, sensibilidad y capacidad de trabajo en otras muchas facetas. Desde que se levanta a las seis y media de la mañana no para. A los cuatro años comenzó a ensayar psicoballet con la fundación Atena. Le gusta la danza, bailar y es "fan" de Mochila 21. También le gusta cocinar, aprende de su madre Nieves Santesteban que hace "los mejores fritos de mejillón". Nieves reconoce que su hijo tiene un universo interior "muy rico" aunque le cueste expresarse y reciba clases de logopedia. En el piso compartido también le toca hacer tareas domésticas como al resto (son dos chicos y cuatro chicas). El fín de semana lo pasa "feliz" con sus padres, que si algo han tenido claro en la educación de Iker es la importancia de insertarlo en ambientes "normalizados" para lograr que su superación sea mayor. "El cambio ha sido espectacular y siempre se ha educado en centros no especiales desde la guardería, el colegio Eulza, el instituto de Barañáin, el Instituto Agroforestal", subraya.
¿Oye Iker y cómo es Lorea? "Es muy maja, me encanta estar con ella. Espero verla en la semana blanca de carnaval. Bueno y me gustaría vivir con ella", subraya mirando de reojo a su padre.