Auzolan ante el corte de agua y luz en Aranzadi: “No somos aliens, somos personas”
Más de un centenar de vecinos y colectivos solidarios se movilizan en el antiguo convento para denunciar el “abandono institucional” y reclamar servicios básicos al Ayuntamiento, la MCP y el Gobierno foral
Con el lema “Frente al abandono institucional, auzolan y solidaridad”, el antiguo convento de Aranzadi ha vivido este sábado una jornada que ha combinado escobas y reivindicación política. Más de un centenar de personas —residentes del edificio y vecinos de distintos barrios de Iruñea— han participado en una limpieza colectiva que ha desbordado las previsiones iniciales, con donaciones de material por encima de lo esperado.
Relacionadas
La iniciativa, impulsada por el colectivo Negu Gorriak, ha querido escenificar lo que, según sus organizadores, es la realidad cotidiana del inmueble: cohesión comunitaria frente a discursos de odio y a una imagen pública asociada a la conflictividad. “A veces parece que hay que recordar lo obvio: aquí viven personas”, resumían los portavoces de la asamblea abierta celebrada al mediodía.
Limpieza y denuncia política
Desde primeras horas de la mañana, escaleras, pasillos y zonas exteriores del edificio han sido objeto de una intervención colectiva. La falta de contenedores suficientes —según denunciaron— y el corte de suministros básicos habían agravado las condiciones de salubridad en las últimas semanas. La respuesta ha sido el auzolan: bolsas, guantes, productos de limpieza y una cadena humana improvisada para adecentar el espacio.
En Aranzadi residen, según explican, "trabajadores precarios y personas afectadas por el racismo institucional" que buscan estabilidad y acceso al mercado laboral. “Que nos corten el agua y la luz o que nos obliguen a vivir entre basura es un intento de presentarnos públicamente como salvajes”, señalaron desde la asamblea, citando incluso la frase pronunciada por Bad Bunny en los Grammy: “No somos aliens ni salvajes ni animales, somos personas”.
Cortes de suministro y exigencia de diálogo
El núcleo de la denuncia se dirigió a las tres principales instituciones navarras: el Ayuntamiento de Pamplona, la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona y el Gobierno de Navarra. Según expusieron, se ha producido un corte coordinado del suministro eléctrico y del acceso a agua potable, además de una gestión insuficiente de residuos.
El mensaje lanzado al Consistorio fue claro: los residentes aseguran estar dispuestos a pagar las tasas correspondientes de luz, agua y basuras. “Queremos vivir en un espacio digno. No pedimos nada gratis, pedimos que nos dejen regularizar nuestra situación y pagar como cualquier vecino”, insistieron.
La asamblea, celebrada a las 13.00 horas, sirvió también para compartir testimonios personales que pusieron rostro a la reivindicación.
Voces desde dentro
Adil, de origen marroquí y con nueve meses de vida en la calle a sus espaldas antes de llegar a Aranzadi, explicaba mientras descansaba tras la limpieza: “Hay muchos que queremos mantener el sitio limpio para evitar las ratas, pero si no ponen contenedores, nuestro esfuerzo no servirá para nada”.
En la cocina improvisada, Mohammed, argelino y uno de los encargados de preparar la comida, mostraba otra preocupación: “La policía patrulla constantemente Aranzadi; te pueden poner una multa con cualquier excusa y bloquear la posibilidad de regularizarte para siempre”.
Fouad, de 19 años, apenas habla castellano. Tras atravesar Turquía, Eslovenia, Italia y Francia en busca de trabajo, lo resume con sencillez: “No quiero ayuda, no quiero que el ayuntamiento me regale nada; solo quiero que me dejen trabajar y vivir tranquilo”.
Arroz con lentejas frente al abandono
La jornada concluyó con una comida popular preparada en el Centro Social Autogestionado Elhadji. Arroz con boloñesa de lentejas sirvió de punto de encuentro y de espacio para continuar el debate político en un ambiente más distendido.
“Lo que las instituciones han abandonado, la solidaridad vecinal lo ha rescatado hoy”, resumía uno de los jóvenes magrebíes que actualmente pernocta en Katakrak y que prefirió no dar su nombre. A su juicio, la campaña impulsada por Negu Gorriak ha demostrado que “cuando la gente se organiza y trabaja por lo común, es capaz de todo”.
El padrón como frontera
Más allá de la situación concreta del edificio, los portavoces ampliaron el foco hacia la política de empadronamiento en la capital navarra. Recordaron la reciente rueda de prensa de colectivos sociales que denunciaron prácticas irregulares en la gestión del padrón municipal y aludieron a resoluciones del Tribunal Administrativo de Navarra (TAN) que cuestionan determinados procedimientos.
El TAN da la razón a dos personas sin hogar frente al Ayuntamiento de Pamplona
“La frontera no está en Melilla, sino en una ventanilla de la administración”, afirmaron. A su entender, la denegación de empadronamientos o la exigencia de requisitos adicionales funciona como un mecanismo de exclusión que impide el acceso a derechos básicos. Compararon estas prácticas con modelos de control migratorio más visibles en otros países como Estados Unidos, subrayando que “sin necesidad de levantar muros, basta con cortar el grifo del agua o negar el padrón”. “Las instituciones navarras no necesitan, en este momento, levantar un muro de hormigón ni tampoco desplegar patrullas paramilitares por la ciudad: les basta con cortar el grifo del agua, denegar 500 padrones de forma arbitraria o dar orden a la Policía Foral para que pida la documentación a personas que parezcan magrebíes. El apartheid burocrático de las instituciones navarras sigue la misma lógica que las redadas del ICE en Estados Unidos o las patrullas de Frontex en el Mediterráneo: disciplinar y castigar a la mano de obra migrante”.