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Procesión del Santo Entierro | Jóvenes portadores que cargan con la tradición en Pamplona

La Hermandad de la Pasión del Señor organiza la procesión del Santo Entierro con motivo del Viernes Santo, después de dos años sin actos debido a las lluvias

Procesión del Santo Entierro | Jóvenes portadores que cargan con la tradición en PamplonaOskar Montero

Durante los dos últimos años, la procesión del Santo Entierrono ha podido salir por las calles del Casco Viejo de Pamplona debido a las condiciones climáticas. Sin embargo, este Viernes Santo, el clima de la ciudad ha respetado la festividad y ha permitido llevar a cabo las celebraciones, con una ilusión especial que lleva aguardando desde 2023.

Según cuenta Miguel Setuain, encargado de la comunicación de la Hermandad de la Pasión del Señor, la del Santo Entierro es una procesión “muy espectacular porque salen alrededor de 1.000 personas portando trece pasos distintos” y, además, “está recogida por las calles de Pamplona, que le aportan todavía más intimidad al desfile”.

Los jóvenes toman el relevo

Setuain explica que, en lo que se refiere a los portadores, “hay de todo”, aunque el peso de los pasos –que suele rondar entre los 800 y los 1.000 kilos– exige a los participantes unas condiciones físicas favorables. “Hay, desde personas de 40 y 50 años hasta gente muy joven, de 18 años”.

Javier Zubicoa y Nacho Marín acaban de cumplir 18 años y portaban este Viernes Santo, por primera vez en sus vidas, un paso de Semana Santa. En concreto, ellos se han encargado de portar La Caída, un altar itinerante con un peso total de 1.547 kilos y que supone una carga de unos 68 kilos por portador. A Javier, la tradición le viene de familia. “Mi familia ha salido toda la vida en la procesión y mi padre me dijo que me metiera, que hacía falta gente”, contaba. Mientras, a Nacho le surgió la oportunidad de manera orgánica. “Es la primera vez que vivo la procesión, no solo como portador, sino en general. Me llamó la atención porque mis amigos salían y decidí animarme”, ha relatado.

Javier Zubicoa y Nacho Marín, jóvenes porteadores de la Procesión del Santo Entierro.

En lo que se refiere a la preparación física para cargar a sus espaldas estructuras de tanto peso, los jóvenes admiten que no han hecho ningún ejercicio adicional. “Mi padre me dijo que a la gente mayor se le suele aconsejar que suba escaleras los días previos, pero nosotros ya solemos hacer deporte –fútbol, concretamente–, así que no nos ha hecho falta”, admitía Javier.

En lo que ambos esperaban a cambiarse, Alvaro Díaz, Jon De Frutos y Miguel Cabañas –tres amigos que también se estrenaban como portadores, en su caso, del paso de la Entrada de Jesús en Jerusalén, más ligera, con 847 kilos de peso– aguardaban ya vestidos con sus túnicas y caperuzas a la salida de la procesión. Ellos coincidían con Javier y Nacho en la idea de la preparación física. “Con el ejercicio que hacemos en el gimnasio ya nos sirve”, revelaba Jon. Los tres compañeros se apuntaron porque una amiga les comunicó que necesitaban portadores. “Nos apetecía seguir con la tradición, así que ni nos lo pensamos”, exponían.

La Procesión del Santo Entierro vuelve a las calles de PamplonaOskar Montero

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Álvaro reconocía que es muy emocionante ayudar a sacar los pasos cuando “desde pequeños hemos venido a verla”. Al mismo tiempo, admitía Jon, “el arraigo de esta ciudad con esta festividad quizás no es el mismo que en Sevilla, pero intentamos que la tradición siga adelante”. En este sentido, opinaba Javier, portador de La Caída, “la sensación es que en Pamplona se ha perdido la tradición. A mi, personalmente, me da pena que perdamos esta costumbre, pero creo que, mientras haya gente joven que coja el relevo, podremos mantenerla”.

Una tradición familiar

Eder Gainza, a escasos minutos del comienzo de la procesión del Santo Entierro, decía que los nervios de salir en Viernes Santo eran especiales, pese a que el joven había participado ya en las celebraciones del Domingo de Ramos. “Mi abuelo ha salido siempre en esta procesión, llevando la vela, y yo intenté participar años anteriores, pero se suspendió debido a la lluvia”, explicaba. Su padre, quien le ha acompañado en su debut, contaba que “Pamplona es Pamplona, así que nunca sabes cuándo se te estropearán los planes por el mal clima. Por eso, cuando salen días bonitos como este, el hormigueo y la ilusión se sienten con más intensidad”, ha expresado.

Eder y Miguel Gainza, antes de la procesión.

Las calles del Casco Viejo de Pamplona se han llenado de gente que, tras dos años sin poder vivir el momento, esperaban sentir por fin la emoción de los pasos de Viernes Santo. El clima no solo ha respetado, sino que ha compensado la cancelación de las festividades de los años anteriores, y la procesión ha partido de la calle Dormitalería hacia la Bajada de Javier y las calles Compañía, Curia, Navarreria, la Plaza Consistorial, San Saturnino, la calle Mayor, el Paseo Doctor Arazuri, las calles San Antón, Zapatería, Calceteros, Mercaderes, Calderería, y la Bajada de Javier y Dormitalería, nuevamente.