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Una galería de arte al aire libre en pleno corazón de San Juan

Sagri Azpilicueta y su marido, Pedro, han llenado la fachada de su academia de inglés en San Juan de obras de arte que han protegido con cristales antibalas

Sagri Azpilicueta, profesora de inglés, dueña de una tienda de antigüedades y creadora de un museo en la fachada de su academia.Iñaki Porto

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No todo el mundo puede permitirse viajar y visitar museos, o no todos los turistas quieren dedicar una tarde de sus vacaciones a pasear entre obras de arte. Por eso, Sagri Azpilicueta ha querido poner al alcance de la gente algunas de las pinturas más relevantes de todos los tiempos. Tan al alcance que cualquiera que camine por el barrio de San Juan puede pararse a contemplarlas. En la fachada de su academia de inglés, Let’s English, La joven de la perla posa junto al Lanzador de flores o el Niño con paloma, convirtiendo los bajos de la plaza Obispo Irurita en toda una simulación de un gran museo y en una reivindicación por el arte accesible.

Es “la primera pinacoteca permanente y al aire libre de todo el país”, dice Sagri, la profesora de inglés y enamorada de la pintura que se esconde detrás de esta iniciativa tan original. Los cuadros, instalados a finales de verano, se extienden por toda la fachada de la academia, pero solo de momento, porque la maestra pretende llenar toda la plaza de arte. “Tuvimos que pedir permiso a los vecinos de la comunidad para instalar las obras y la verdad es que estuvieron encantados”, cuenta Sagri. La iniciativa, dice, “le da vidilla y clase a la plaza”. Y así parecen sentirlo los transeúntes.

El ‘feedback’

Más allá de un par de grafitis, el barrio está respetando mucho este museo improvisado. De hecho, cuando más vandalismo sufría la academia era, precisamente, antes de adquirir esta apariencia tan artística que le caracteriza en la actualidad. “Antes había más pintadas y marcas, pero ahora están respetándonos mucho más”, reconoce Sagri. No obstante, ella y su marido Pedro han preferido curarse en salud y proteger las láminas con cristal antibalas, así como anclar los marcos a la pared para que nadie se los lleve.

La iniciativa se sitúa en una zona verdaderamente privilegiada. Sagri da clases a niños desde los 8 años de edad y la academia está justo en frente del Colegio Nuestra Señora del Huerto. Para acercar la cultura a los txikis, la maestra ha numerado cada una de las obras y ha colocado un cartel donde explica quién pintó cada una. “Me hace mucha ilusión ver que esto les despierta el gusanillo a los niños, que se quedan mirando algo que, de normal, quizás no les despertaría interés”, reconoce.

En la pared principal están expuestas al público obras clásicas de los autores más reconocidos: Johannes Vermeer, Pablo Picasso, Claude Monet o Leonardo da Vinci. La trasera está reservada para un pequeño homenaje que Sagri ha querido dedicar a Banksy. “Estoy enamorada de su arte porque, aunque quizás no sea un gran pintor, su sensibilidad y reivindicación son especiales y su obra se involucra con todas las guerras y conflictos”, explica.

Este amor que la maestra siente hacia el arte le viene “de serie” porque, en su casa, la pintura siempre ha estado presente. Y lo mismo ocurre con el inglés. “Mi tío vino de California y montó la primera academia de inglés de Pamplona, donde yo comencé a trabajar como profesora, igual que mi padre”, cuenta.

Las antigüedades

Además de la pasión por el inglés y la pintura, su familia le enseñó a Sagri a apreciar el valor de los objetos con historia. Justo al lado de la academia de inglés se encuentra una tienda de antigüedades que ella y su marido, Pedro, gestionan desde hace años. Al atravesar la puerta, todo resulta familiar en el local. Los candelabros, las figuritas, los relojes, la cubertería... Es la magia detrás de los objetos que han formado parte de hogares ajenos durante una vida entera.

Pero el valor no siempre garantiza éxito. “Las antigüedades han perdido su sitio”, dice Sagri. “Es un mundo que se ha quedado obsoleto y al que la gente joven no entra porque prefieren decorar sus casas en Ikea o Conforama”, expone. Aunque entiende que la juventud no esté interesada en enormes muebles antiguos, la coleccionista insiste en que adornar un hogar con objetos de segunda mano lo llena de vida. “¿Por qué no conjuntar un póster moderno con una plancha antigua que emana reciedumbre?”, cuestiona.

De igual forma, ella está convencida de que hay que tener paciencia. “Aquí hay una población muy mayor que viene más a vender artículos que a comprarlos”, detalla. Lo que toca ahora es conseguir interesar a los compradores con la historia que hay detrás de cada objeto. “Ahí está lo valioso de las antigüedades”, concluye.