Pamplona cuenta, desde este martes, con un nuevo tótem en el barrio de la Rochapea, en el espacio junto a la orilla derecha del río Arga, al lado del puente de Curtidores, muy cerca de los Corralillos del Gas. La Comisión municipal de Presidencia ha visitado este martes el nuevo tótem en la conocida como plaza Arriasko, así denominada por su característico suelo de piedra formado por cantos rodados. El lugar también se conoce como plaza de Errotazar.

En el acto de inauguración, ha intervenido el concejal de Seguridad y Convivencia Ciudadana, Endika Alonso Irisarri, y el historiador y vecino del barrio de Rochapea Patxi Abasolo López. El tótem incluye información sobre el término Arriasko, que deriva de Arrasco, con uso documentado desde los años veinte del siglo XIX. A su vez, éste puede proceder del topónimo Larraiscoa, documentado en 1704 y que, según José María Jimeno Jurío y Pedro Salaberri Zunzarren, podría ser un diminutivo de larratz (‘prado’). La plazuela actual ha tenido una configuración diferente a lo largo de los años. Pegado al río, se instaló el matadero municipal que estuvo en funcionamiento desde finales del siglo XVI y hasta comienzos del XX.

También se tiene constancia de la existencia de nueve casas pertenecientes a las Agustinas Recoletas, destruidas en 1813 durante la Guerra de la Independencia. En 1823, se habilitó como cementerio provisional de la ciudad, hasta 1828. Por su cercanía al matadero, en 1827 el Regimiento de Pamplona adquirió ese espacio para la construcción de una corraliza para el ganado. Para atender a sus empleados, en 1864 se construyó la Casa de los Pastores, que entre 1920 y 1975 sirvió de cuartelillo para la Guardia Civil. Hasta la década de los 20, el barrio celebraba en este espacio las fiestas de San Lorenzo.

Las mecetas, por San Lorenzo

El espacio en que se ha instalado el tótem nunca ha tenido una denominación oficial. La información que se ofrece explica la toponimia e historia del lugar. En frente de lo que fue el matadero, se situaron varios edificios que albergaban pequeños talleres de curtiduría, que se ubicaban en la orilla de los ríos porque necesitaban mucha agua para el lavado de las pieles, pero, además, al tener el matadero al lado, las pieles del animal recién sacrificado las tenían a mano para comenzar su labor de curtido. Al conjunto de edificios se le llamó barrio de Curtidores y al final del mismo, justo debajo del Portal Nuevo, hubo también un lavadero de ropa. Hasta hace poco, solo quedaban las ruinas de uno de los edificios, conocido como la casa de barquilleros, ya que en su momento albergó a una familia dedicada a la venta de barquillos por la ciudad; en este espacio se realizan, en la actualidad, obras para viviendas nuevas.

La plaza del Arriasko fue durante años el punto neurálgico por excelencia de las fiestas del barrio de Rochapea, las mecetas, celebradas cada año en agosto en honor de San Lorenzo. En la plaza se encendían hogueras la víspera, se bailaba cada tarde al son de gaiteros y tamborileros, terminando la sesión con el baile de la Era. El día de la fiesta mayor, el 10 de agosto, los mayordomos del barrio, engalanados con floridas coronas y coloridos pañuelos, hacían su visita al consistorio, anunciando los festejos. A los tres mayordomos, un hortelano y dos sirvientes, les adornaban sus gorros las tres mayordomas, también una hortelana y dos sirvientas. Ellos y ellas eran los encargados de abrir el baile de cada día. Durante los habituales cuatro días de fiestas, el menú más consumido en comidas y meriendas eran los rellenos y, como postre, los ricos piperropiles. El historiador rochapeano Bernardo Apesteguía ha estudiado y documentado en profundidad las mecetas, encontrando noticias de las mismas desde el siglo XVI.